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Inglaterra: Los ‘tories’ proeuropeos reciben a Johnson con una oleada de dimisiones

Los primeros cien días de Boris se cumplirán poco después del 31 de octubre, la fecha en la que ha prometido sacar al reino de la UE a no ser que sus interlocutores hagan concesiones difíciles de imaginar en el tema de la frontera irlandesa y la permanencia en la unión aduanera
MARTES 23 DE JULIO DE 2019

Si Theresa May se encontró con una Administración ingobernable por su precaria minoría en los Comunes y las complejidades del Brexit, Boris Johnson va a heredar una situación aún más complicada si cabe, ante la perspectiva de una salida sin acuerdo de la Unión Europea y el carácter divisivo de su persona. 

Hasta hoy (si se cumplen todas las quinielas) no será líder conservador y hasta mañana no jurará como primer ministro, pero el rosario de dimisiones ya ha comenzado con la salida del secretario de Estado del Foreign Office, Alan Duncan. 

Y no es más que el principio. Antes que ser cesados y que asumir la responsabilidad colectiva de un portazo a la UE el 31 de octubre como baza negociadora, han anunciado su decisión de marcharse el ministro de Finanzas, Philip Hammond, y el de Justicia, David Gauke, dos de los pesos pesados del gabinete. 

Tampoco continuarán el titular de Negocios, Greg Clark, y el de Desarrollo Internacional, Rory Stewart, partidarios de la permanencia en la Unión Europea, o cuando menos de un Brexit ordenado.

Si Theresa May intentó gobernar con un cóctel de leavers y remainers (esa cuadratura del círculo le resultó imposible en la práctica), Johnson sólo quiere a su lado hombres y mujeres leales a su causa, dispuestos a tirarse si es necesario al precipicio con tal de dejar Europa la noche de Halloween, aunque sea despertando a los fantasmas.

En su carta de dimisión, Duncan lamentó “la tragedia del Brexit” y “la negra nube” que ha dominado la gestión de Theresa May, “impidiendo que Gran Bretaña realice su pleno potencial como la fuerza política e intelectual dominante” que podría haber sido en los tiempos turbulentos que corren, de haber permanecido conectada a sus aliados europeos naturales en vez de buscar una equidistancia imposible entre la UE y los EE.UU. de Trump.

Esa contradicción resulta evidente en la crisis con Irán. Downing Street quiere salvar el acuerdo nuclear con Teherán, pero sin el entusiasmo de Francia y Alemania. Al mismo tiempo, se resiste a aceptar la oferta norteamericana de una flota internacional que patrulle el estrecho de Ormuz, pero aceptó la “sugerencia” de Washington de capturar el petrolero Grace 1 en Gibraltar con la participación de los Royal Marines, dando por buenas las informaciones de la CIA de que su crudo iba destinado a Siria en violación de los términos del embargo vigente. 

Londres hace ruido como si todavía fuera una potencia imperial, pero los brutales recortes en defensa han hecho que sólo disponga de una fragata activa en el Golfo, insuficiente para proteger a sus navíos . 

Los primeros cien días de Boris se cumplirán poco después del 31 de octubre, la fecha en la que ha prometido sacar al reino de la UE a no ser que sus interlocutores hagan concesiones difíciles de imaginar en el tema de la frontera irlandesa y la permanencia en la unión aduanera. 

De aquí a entonces se verá si es que iba de farol y al final pide una nueva prórroga, convoca elecciones o un segundo referéndum, o si cumple con la amenaza de marcharse dando un portazo. ( lavanguardia.com)

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