El lunes pasado en Brasilia, Luis Inácio Lula da Silva recibió a su par del país vecino, el presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira, quien asumió su mandato de cinco años en noviembre del año pasado, con la necesidad de estabilizar una economía afectada por las tensiones institucionales puestas de manifiesto durante todo el ciclo liderado por Luis Arce.
El giro de poder observado en Bolivia, desde el fracturado Movimiento al Socialismo hacia el Partido Demócrata Cristiano que se llevó el triunfo en los últimos comicios, fue apresuradamente señalado como el surgimiento de uno de los pilares de una plataforma sudamericana de derecha pensada en bloque con Argentina, Paraguay y Chile, país este último donde acaba de iniciar su gobierno José Antonio Kast.
Sin embargo, la reunión bilateral de esta semana en el “Planalto”, pareció mostrar un nuevo vínculo más enfocado en lo estratégico que en la prédica ideologizada de las relaciones internacionales.
En tiempos de repetidas advertencias sobre una eventual crisis energética global, Bolivia y Brasil terminan de acordar la instalación de una conexión de electricidad que unirá Santa Cruz de la Sierra con Mato Grosso do Sul, así como la optimización de la interconexión gasífera ya existente.
Además, los mandatarios coincidieron en la necesidad de profundizar la cooperación en biocombustibles como medio para reducir la dependencia de importaciones.
Otro punto relevante de los acuerdos alcanzados, se refiere al potencial de Brasil y Bolivia para el desarrollo de cadenas de valor de minerales críticos, considerados esenciales desde los programas orientados a la llamada transición energética.
Sobre el complejo escenario actual, en un documento conjunto, ambos países expresaron una “seria preocupación” por la guerra en Medio Oriente y advirtieron por las “lamentables consecuencias humanitarias” y por “las violaciones del derecho internacional”.
“El presidente Paz y yo coincidimos en que la integración regional no es un proyecto ideológico” declaró Lula da Silva tras la reunión.
En el mismo sentido, el mandatario boliviano retribuyó que “la ideología no da de comer, sino producir y crecer”.
El encuentro del pasado lunes en Brasilia, dejó algo más que un documento conjunto con varios puntos que guiarán la relación bilateral para los próximos años. En la era de la exacerbación de los antagonismos, Paz y Lula dieron una clase básica de pragmatismo, desideologizando la política exterior para interpretar y aprovechar las oportunidades reales que se les presentan a sus países, en medio de una interdependencia cada vez más compleja.






















