Hola, mis queridos lectores de LT9, ¿cómo están?
Este sábado los invito a meternos en uno de esos temas que parecen lejanos, técnicos, casi diplomáticos… pero que en realidad terminan impactando de lleno en nuestros campos, en nuestras exportaciones y, en definitiva, en la economía de nuestro país.
Hablamos del acuerdo entre el Mercosur y la Union Europea, un tratado comercial que se negocia desde hace más de 20 años, que para Sudamérica representa una enorme oportunidad, pero que dentro de Europa genera resistencias cada vez más fuertes.
La pregunta es inevitable: ¿por qué algunos países europeos no quieren firmarlo? y, antes de eso, ¿de qué se trata realmente este acuerdo?
El acuerdo Mercosur–UE es, en términos simples, un tratado de libre comercio entre dos bloques regionales que, juntos, representan:
- Más de 700 millones de personas
- Cerca del 25 % del PBI mundial
- Uno de los intercambios comerciales más grandes del planeta
Del lado sudamericano, el Mercosur está integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (con Bolivia en proceso de adhesión).
Del lado europeo, participan los 27 países que hoy conforman la Unión Europea.
El objetivo central del acuerdo es reducir o eliminar aranceles, facilitar el comercio, generar reglas comunes y previsibilidad para inversiones.
En criollo: que vender y comprar entre ambos bloques sea más fácil, más barato y más estable.
Para ponerlo en ejemplos concretos:
- El Mercosur podría exportar con mejores condiciones granos, carnes, harinas, aceites, azúcar, biocombustibles y alimentos procesados.
- La Unión Europea ganaría mayor acceso para sus autos, autopartes, maquinaria agrícola, productos químicos, farmacéuticos y servicios.
Hasta acá, suena a un “gana–gana”. Entonces… ¿dónde está el problema?
El entusiasmo del Mercosur
Para países como Argentina, Brasil o Uruguay, el acuerdo tiene un atractivo enorme.
Primero, porque Europa es un mercado de alto poder adquisitivo, con consumidores que pagan mejor los alimentos, especialmente aquellos vinculados a calidad, trazabilidad y origen.
Segundo, porque permitiría diversificar exportaciones, reduciendo la dependencia de mercados tradicionales como China o el sudeste asiático.
Y tercero —no menor— porque un acuerdo de este tipo obliga a ordenar reglas internas, mejorar estándares, discutir temas ambientales, sanitarios y laborales con una mirada de largo plazo.
Desde el punto de vista del agro, el Mercosur tiene una ventaja comparativa clara: producimos alimentos a gran escala y con costos competitivos, algo que en Europa cada vez es más difícil de sostener.
¿Por qué Europa duda?
Acá es donde la historia se pone interesante.
El rechazo no es de toda Europa, pero sí de algunos países clave, con peso político y productivo.
Francia: el corazón del conflicto. Si hay un país que lidera la resistencia, ese es Francia. ¿Por qué? Porque Francia tiene un sector agropecuario muy protegido, con productores medianos y pequeños que reciben fuertes subsidios de la Política Agrícola Común (PAC).
Para ellos, competir con carne, granos o azúcar sudamericanos es visto como una amenaza directa.
El argumento francés es claro:
“No podemos exigir altos estándares ambientales a nuestros productores y, al mismo tiempo, importar alimentos producidos con reglas distintas”.
Otros países que acompañan la resistencia
- Irlanda: fuerte oposición de los productores ganaderos, especialmente de carne vacuna.
- Austria: rechazo parlamentario al acuerdo.
- Belgica (en especial la región de Valonia): históricamente reticente a tratados de libre comercio.
En todos los casos, el temor es similar: perder competitividad frente al agro del Mercosur.
El factor ambiental: ¿preocupación real o excusa política? En los últimos años, el rechazo europeo incorporó un nuevo eje: el ambiente.
Se cuestiona especialmente:
- La deforestación en la Amazonia
- El uso de agroquímicos no permitidos en Europa
- La huella de carbono de los sistemas productivos sudamericanos
Ahora bien, acá aparece una discusión que en el campo conocemos bien:
¿se trata de una preocupación genuina o de una barrera para-arancelaria encubierta?
Porque mientras se exige sustentabilidad al Mercosur, Europa sigue subsidiando su producción, algo que también distorsiona el comercio global.
Una pulseada política interna
El acuerdo Mercosur–UE no se discute solo en términos comerciales.
En Europa también juega la política interna:
- Partidos verdes presionando por agendas ambientales
- Movimientos rurales cada vez más movilizados
- Gobiernos que temen perder votos en zonas agrícolas
En ese contexto, firmar un acuerdo con el Mercosur se vuelve políticamente costoso, aunque económicamente tenga sentido.
¿En qué punto estamos hoy?
El acuerdo técnico ya está negociado. Lo que falta es la ratificación política de los parlamentos europeos, y ahí es donde aparecen los frenos.
En los últimos meses se habló de agregar anexos ambientales, compromisos adicionales y cláusulas de sostenibilidad más estrictas.
Desde el Mercosur, la respuesta es clara: sí al diálogo, pero no a reglas que nos coloquen en desventaja permanente.
¿Qué está en juego para Argentina?
Para nuestro país, este acuerdo no es solo un tratado más Está en juego:
- El acceso a mercados de alto valor
- La posibilidad de agregar valor a nuestras exportaciones
- El reconocimiento de que producimos alimentos con conocimiento, tecnología y trazabilidad
Pero también está en juego algo más profundo:
la discusión sobre quién produce los alimentos del mundo y bajo qué reglas.
El acuerdo Mercosur–Unión Europea no fracasa por cuestiones técnicas, sino por miedos, intereses y tensiones políticas.
Europa debate cómo proteger a sus productores sin cerrarse al mundo.
El Mercosur busca crecer, exportar y ser reconocido como un proveedor confiable.
Como siempre digo, el comercio no es solo números: es territorio, cultura, producción y personas.
Y en ese tablero global, el campo argentino —con sus virtudes y desafíos— sigue esperando que el mundo lo mire sin prejuicios y con reglas justas.
Quiero agradecer especialmente a la Susana Grosso, ingeniera agrónoma y doctora, experta en el agro francés, con quien tuvimos un vivo de Instagram y nos contó, con enorme claridad, cómo trabajan el agro y los productores en ese país, y cuáles son las verdaderas preocupaciones que hoy atraviesan al sector. https://www.instagram.com/reel/DQuyRsngDwD/?igsh=MW85MHBtYTU5Y2Rtbw==
Bueno, mis queridos lectores, espero que esta columna les haya ayudado a aclarar un poco el panorama de lo que está sucediendo entre estos dos grandes actores del comercio internacional.
Nos reencontramos en 15 días, porque esta columnista se toma unos días de vacaciones
Gracias, como siempre, por acompañarme cada sábado.






















