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Ahora juega Brasil

Tras la concreción de los comicios en Perú y Colombia, empieza a tomar temperatura la campaña para las presidenciales de la mayor democracia sudamericana que irá a una primera vuelta el domingo 4 de octubre, con eventual balotaje previsto para el 25 del mismo mes.

Cada cuatro años, especialmente en Sudamérica, el fixture mundialista suele quitar espacio al seguimiento de los procesos electorales, algo que no impide a los equipos de campaña continuar a su ritmo con cada una de las estrategias, conociendo bien que tras la final, o ante el infortunio de una eliminación anticipada, la movida proselitista explotará de lleno para planear la confrontación de dos modelos contrapuestos.

De un lado el oficialismo, con Lula compitiendo por ser reelecto para un nuevo período de cuatro años. En el caso de conseguirlo, el actual mandatario ejercería el poder en el Planalto hasta sus 84 años, siendo -ya actualmente- el presidente más longevo en la historia de Brasil.

Dato biográfico aparte, su actual gestión aparece marcada por una intensiva agenda externa, en la cual atravesó vaivenes y contrapuntos con Donald Trump, y un sostenido  distanciamiento interpersonal con Javier Milei, que no se tradujo en diferendos a nivel de Estado por los buenos oficios de sendos ministerios de Relaciones Exteriores.

En el plano doméstico, surgen indicadores contrapuestos. Según la fundación Itaú, Lula asumió el actual período con una desocupación del 9,5%, logrando bajarla al 5,5%.

Pero la estadística financiera exhibe un dato puntual negativo, con una deuda pública bruta que este año llegó a las cifras más altas en el actual ciclo de gobierno.

Además, el año 2025 había mostrado una intensificación de la salida de empresas, muchas de las cuales recalaron en Paraguay o Uruguay atraídas por regímenes tributarios más favorables.

Una cuestión aparte será atender a la elección legislativa. En las generales que se celebrarán dentro de aproximadamente tres meses, Brasil deberá renovar de manera completa la Cámara de Diputados compuesta por más de 500 bancas, y un tercio del Senado que conforman 81 legisladores.

La atención que merece la campaña dirigida a esa renovación, se origina en los delicados y hasta ralentizados procesos de negociación y tejido de alianzas que el oficialismo tuvo que aplicar, al no contar con la mayoría necesaria para avanzar con algunas leyes clave.

Del otro lado del gobierno, emergió el conservador Flavio Bolsonaro como principal competidor del ahora presidente, hijo del sucesor de Temer y antecesor de Lula, Jair Bolsonaro.

Bolsonaro (h.) tiene 45 años de edad y actualmente se desempeña como Senador por Río de Janeiro, representando al Partido Liberal.

Con su muy reciente visita a la Argentina, además de recibir el fuerte espaldarazo de Javier Milei, el principal contrincante del oficialista Partido de los Trabajadores buscó dar una señal contundente sobre su proyecto de realineamiento con Estados Unidos.

Para su objetivo, la foto con uno de los principales aliados de Donald Trump resulta muy funcional para la captación de votos de la derecha, que recuerda con aprobación cuando su padre Jair, una vez electo presidente, resolvió organizar su primer viaje al exterior a Washington, rompiendo con la sucesión histórica de viajes inaugurales hacia Argentina.

Los desafíos de campaña para la oposición conservadora tampoco pueden subestimarse, empezando por el antecedente de la condena a prisión a Jair Bolsonaro por intento de golpe, hecho que reconfiguró todo el escenario pre-electoral.

También, a medida que se fue clarificando la postulación de su hijo, empezó a recaer sobre este último la sospecha de maniobras con fondos públicos para financiar la producción de una película sobre su padre, acusación que el senador rechaza justificando el tema como “una operación totalmente legal”.

Más recientemente, el PT presentó una denuncia contra el PL por presuntas acciones tendientes a facilitar la injerencia de EE.UU. en el proceso electoral brasileño.

Hay un antecedente concreto que marcó una etapa idílica en la relación bilateral comandada por Donald Trump y Jair Bolsonaro desde 2019, que estuvo dado por el permiso brasileño para el ingreso al país vecino de 750.000 toneladas de trigo estadounidense, sin tener que afrontar el arancel del 10% acordado en el ámbito del MERCOSUR.

Aunque aún de manera informal, en los próximos días la campaña irá intensificándose, y más que en los debates estrictamente domésticos, son muchos los actores que se enfocarán principalmente en las propuestas de política exterior que expondrán los candidatos.

Por eso, este año se vota en Brasil, pero no es sólo uno, sino que son varios los países muy interesados en ese domingo 4 de octubre.

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