En Argentina, los trastornos de la conducta alimentaria -TCA- representan una emergencia que se vuelve cada vez más silenciosa. La insatisfacción con el cuerpo y las conductas alimentarias nocivas, impulsadas por modelos corporales irreales en redes sociales, afectan a un número creciente de personas.
La sobreexposición a plataformas como Instagram y TikTok, es considerada un factor de riesgo. La influencia constante de “estándares estéticos ideales”, los algoritmos que refuerzan la perfección corporal y las comparaciones permanentes aumentan la probabilidad de desarrollar algún TCA, especialmente en jóvenes y adolescentes.
Este contexto facilita la popularización de productos como Ozempic, sumado a la exposición mediática de “influencers” que muestran sus resultados mágicos sin evidenciar los riesgos reales de consumir un medicamento sin tener una patología que lo requiera.
¿Qué produce y cómo influye en el apetito?
En diálogo con LT9, la Dra. María Estefanía Michelli, especialista en Clínica Médica, advirtió que “es riesgoso consumirlo solo por una cuestión estética sin tener diabetes”.
En esta línea, la especialista explicó que Ozempic “actúa reduciendo la glucemia y generando saciedad al retrasar el vaciado gástrico, lo que hace que la comida permanezca más tiempo en el estómago y disminuya el apetito”.
Además, el medicamento influye en el sistema nervioso central “inhibe en parte el deseo por alimentos altamente calóricos, pero esto no reemplaza un enfoque integral de salud”, detalló Estefanía.
En cuanto al “efecto rebote” o la incapacidad de sostener la baja frente a la ausencia de una transformación real en la conducta alimentaria, Michelli subrayó que “la pérdida de peso no se mantiene si no se acompaña de cambios en hábitos, alimentación y actividad física”, y enfatizó que estos fármacos deben utilizarse solo dentro de un programa supervisado por profesionales de la salud.
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