Su historia, su pasado y su presente.
Cuando yo era chica mi padre se había comprometido muchísimo con la comunidad mocoví de Colonia Dolores, escuchando sus historias, sus dolencias, conociendo sus tradiciones. Conoció a la China Luisa, una mocoví de pura cepa que años antes vivía con su gente en Barrio La Flecha, con grandes arboledas, pero por cosas del “progreso” de allí los sacaron y los mandaron al Barrio Santa Rosa, para el lado de la Brava al lado de San Javier, donde no había árboles y sus calles eran muy angostas. En este nuevo emplazamiento, el zorzal (chirala en mocoví) no podía permanecer, y esto lo retrata el tema al que aludimos.
A partir de esas vivencias compuso la letra de Chirala, para que mi hermano y yo, que éramos chicos, aprendamos el idioma cantando. Al poco tiempo pasó Antonio por casa en Santoto, como lo hacía habitualmente, ya que son amigos entrañables. Le gustó tanto la letra mezcla castellano-mocoví, que creó la música y grabó hermosamente en chamamé tontoyogo en su disco Fronteras del sello Confluencia en el año 1989 en la voz del querido Rodolfo Regúnaga vistiéndose con su mágica acordeón. Luego lo grabaría mi padre en Secretos del río en el año 1995 en Emi Odeon.
Desde su comienzo, la canción nos pone frente a una lengua y una manera de nombrar el mundo. “Chirala” es el zorzalito cantor en mocoví. Después aparecen otras palabras: vacaé, para la gallina; chipiac, para el caballo; lobá, para la compañera o mujer; pioco, para el perro; y nasaraquí, para el tabaco, lasueté es plata o dinero, iapá significa amigo. Tanto entusiasmo generó en nosotros que le pusimos Pioco a un perro pointer y Iapá a un ovejero alemán que teníamos en mi familia. Orlando toma la voz del personaje e incorpora al relato cotidiano de un hombre que vive en Santa Rosa y que piensa ir a San Javier en su “último montao que queda” para conseguir aquello que necesita su pena por la pérdida del zorzal en su entorno, la pobreza, la escasez de su pueblo.
Pero hay algo más profundo detrás de esas palabras.
El protagonista también habla de un paisaje que está desapareciendo. En su rancho ya no escucha al chirala porque “han terminao la arboleda donde el zorzal anidaba”. Y entonces aparece una de las imágenes centrales de la canción: su gente hará un monte nuevo, para que el zorzal vuelva a cantar. Y de un pueblo que sufre y va desapareciendo poco a poco.
La metáfora permite entrar en otra historia que quiero profundizar: la de los mocovíes en Santa Fe.
El pueblo mocoví —también denominado moqoit— forma parte de la historia del territorio santafesino desde mucho antes de la conformación de la provincia. Su presencia estuvo especialmente vinculada al norte y a la región de la costa. San Javier ocupa un lugar central en esa historia: allí se estableció en el siglo XVIII la reducción de San Francisco Javier y, posteriormente, la localidad quedó estrechamente ligada a la presencia mocoví.
La historia también tiene episodios de conflicto y violencia. El levantamiento de San Javier de 1904 fue durante mucho tiempo presentado como “el último malón mocoví”. Pero considerar aquel episodio como el final de la historia sería dejar afuera una parte fundamental: los mocovíes siguen estando en Santa Fe.
El dato más contundente está en el Censo Nacional 2022. En la provincia, 11.278 personas se reconocieron como pertenecientes al pueblo Moqoit/Mocoví, mientras que 57.193 santafesinos se reconocieron indígenas o descendientes de pueblos originarios. Los mocovíes constituyen así el pueblo originario con mayor presencia demográfica registrada en la provincia.
Su presencia no se concentra en un único lugar. Existen comunidades en San Javier, Colonia Dolores (reconocida oficialmente como la primera comuna de pueblos originarios de Santa Fe, mantiene una fuerte identidad mocoví y una historia comunitaria que se remonta al siglo XIX), Helvecia, Reconquista, Recreo y otras localidades, además de comunidades ubicadas en distintos puntos del centro y sur santafesino. Los registros provinciales muestran esa presencia territorial y la continuidad de organizaciones comunitarias, como suele suceder con estos pueblos olvidados, de escasos recursos y reconocimiento del santafesino en general.
La provincia cuenta con decenas de escuelas con modalidad EIB y una Dirección Provincial específica de Educación Intercultural Bilingüe (creada bajo la ley provincial 11.078), integrando cargos docentes de las comunidades originarias y equipos pedagógicos.
A modo de ejemplo, podemos nombrar a tres escuelas con esta impronta:
La Escuela N° 1338 “Com Caia” (Recreo): Es una de las instituciones pioneras y más reconocidas de la región centro. Trabaja junto a la comunidad mocoví local en proyectos de revitalización lingüística, producción de materiales didácticos propios y articulación directa con investigaciones universitarias para fijar la escritura de la lengua. Proyectos de ESI Intercultural contando con un equipo interdisciplinario que adaptó la Educación Sexual Integral (ESI)atendiendo la particularidad de estudiantes mocovíes e integrando a referentes indígenas y ancianos mocovíes. El fin es abordar la salud, la afectividad y los derechos respetando la cosmovisión y los valores tradicionales de la etnia moqoit.
La Escuela N° 436 “José de San Martín” (San Javier) institución referente en la costa santafesina. Posee una impronta con especial hincapié en la recuperación de la memoria oral, la música ancestral, las artesanías en barro y los relatos de los abuelos de la comunidad, sirviendo de puente generacional en una de las zonas con mayor arraigo mocoví. Desarrollan proyectos enfocados en la alimentación de sus ancestros y su rescate educativo recuperando recetas antiguas de la costa, técnicas de recolección en el monte y la cocina tradicional mocoví. También se realizan proyectos de extensión con la UNL, rescatando el patrimonio histórico y natural de la región a través de arreglos de música nativa regional y el rescate de la memoria oral costera, con entrevistas a ancianos, referentes de la comunidad local.
La Escuela N° 430 “José de San Martín” (Colonia Dolores), situada en el primer municipio indígena de la provincia, siendo núcleo educativo de la comunidad Ialek Lavá. Apelan a la importancia de la integración entre el pueblo, las autoridades comunales y los docentes artesanos e idóneos que sostienen la lengua viva.
Por eso, volviendo a “Chirala”, al escucharla hoy, adquiere otra dimensión. No es solamente una canción que incorpora palabras indígenas al folklore. Es una canción que hace circular una lengua, un territorio y una memoria, y en lo personal, mi propia historia.
Un zorzal necesita árboles para cantar. Una lengua necesita hablantes. Una cultura necesita memoria. Santa Fe necesita santafesinos y santafesinas que conozcan el lugar que habitan, su pasado, su folklore, para poder ser habitantes culturales de su tierra y no meros transeúntes ocasionales ignorantes de su raíz.
Mientras una palabra como chirala siga viajando en un chamamé tontoyogo, mientras una comunidad siga enseñando su lengua a su gente y mientras haya quienes quieran escucharla, aquella historia no habrá quedado atrás y será parte de nosotros.
Quizás, como dice la canción, todavía haya que hacer un monte nuevo, para que el zorzal vuelva a cantar en el pueblo mocoví.
P.D: Los invito a escuchar “Chirala” en ambas versiones de Orlando Vera Cruz y de Antonio Tarragó Ros para La Parienta Streaming.
https://www.instagram.com/reels/DZX_PcYjGca
EMILCE PAIS
Bailarina, actriz, cantante, productora cultural, docente.https://www.instagram.com/emi.pais/
Conductora de #LAPARIENTA streaming https://www.instagram.com/laparientastreaming/
Micro de folklore LT9 en “Que temprano que arrancaste” con Julio González




















