En su habitual columna el periodista y politólogo Carlos Burgueño trazó un crudo panorama sobre la actualidad industrial de la Argentina, poniendo el foco en el sector metalúrgico, que en febrero registró una caída interanual del 10,5%.
“Lo que antes era el corazón y el alma de la industria hoy está dando una de sus últimas peleas”, sentenció Burgueño. El analista recordó que, mientras en las décadas del 70 u 80 el sector empleaba a 500 mil trabajadores y marcaba el ritmo de las paritarias nacionales, hoy atraviesa una crisis que se replica en textiles, plásticos y juguetes.
El agro y la competencia importada
Un dato que encendió las alarmas es la caída en la producción de maquinaria agrícola, un sector históricamente ligado al éxito del campo. Burgueño explicó que, pese a las buenas proyecciones de cosecha, la industria local sufre por la apertura de importaciones:
“Se habilitó la compra de maquinaria usada de Estados Unidos y Europa. Al productor le sirve porque es más barata y funciona, pero la contrapartida es la pérdida de actividad metalúrgica nacional”.
En ese sentido, planteó un interrogante central para la etapa actual: “¿Estamos dispuestos a tener productos más baratos a cambio de perder nuestra industria en un país que, curiosamente, crece de la mano de otros sectores?”.
Combustibles: inflación de “dos tiempos”
Otro de los ejes del análisis fue el reciente aumento en los combustibles, impulsado por un petróleo internacional que roza los 100 dólares. Burgueño advirtió que esto garantiza un piso inflacionario más alto para marzo y abril debido a lo que denominó un efecto de doble impacto.
“Hay un primer momento inmediato donde sube el índice de precios al consumidor cuando cargás nafta. Pero luego viene un segundo tiempo, porque el combustible influye en la producción y el transporte de todo lo que consumimos”, explicó. Según el especialista, por cada 5 puntos que aumentan las tarifas o combustibles, se traslada inevitablemente un punto directo a la inflación.
La paradoja de Vaca Muerta
Sin embargo, el consultor señaló que este escenario internacional tiene una cara positiva para las arcas del Estado. “Así como antes mirábamos el precio de la soja, ahora tenemos que seguir el valor del barril Brent. Vaca Muerta es negocio a partir de los 50 dólares; con el petróleo a 100, la Argentina va a recibir muchos más dólares por exportaciones de gas y crudo”, detalló.
Finalmente, comparó la situación con Brasil, donde el gobierno decidió intervenir en Petrobras para frenar subas. “Argentina no está en condiciones de subsidiar mucho más; el costo fiscal sería altísimo. Por eso, el incremento de entre el 6% y 9% en surtidores terminará impactando de lleno en el bolsillo de la gente y en el costo de los fletes”, concluyó.