A casi medio siglo de aquel sábado fundacional, la historia de las Madres de Plaza de Mayo sigue revelando matices sobre cómo un pequeño grupo de mujeres desafió el terrorismo de Estado. En una entrevista con LT9, el abogado y periodista Ulises Gorini detalló que lo que hoy conocemos como un ritual democrático intocable, comenzó casi por accidente y bajo un estado de sitio que prohibía cualquier reunión.
El mito del 30 de abril
Gorini explicó que la primera cita fue el sábado 30 de abril de 1977. Paradójicamente, en términos de convocatoria, aquel día fue un “fracaso”: apenas asistieron entre 12 y 14 madres, una cifra tan pequeña que ni siquiera llamó la atención de la policía. Su objetivo era entregar una carta a Jorge Rafael Videla para pedir por sus hijos desaparecidos.
“Paradójicamente, fue un fracaso que simbólicamente quedó como una fundación mítica”, señaló Gorini. El ritual de la marcha no nació ese día, sino poco después, producto del hostigamiento policial. Bajo el estado de sitio, los oficiales les ordenaban “circular”. Fue Azucena Villaflor quien, al ser intimada, tomó del brazo a otra madre y comenzó a caminar alrededor de la Pirámide de Mayo. Así, la represión terminó pariendo la ronda.
La herida simbólica y el rol de la prensa extranjera
Uno de los puntos más potentes que destacó el especialista fue la contradicción que las Madres representaron para el régimen. Mientras la dictadura exaltaba los valores “occidentales y cristianos” y la figura de la familia, eran justamente las madres de familia quienes acusaban al poder de destruir sus hogares. “Les infligieron una herida simbólica impresionante”, afirmó Gorini.
Durante esos años, el cerco mediático local era casi total por complicidad o censura. Gorini recordó que los registros fílmicos de las primeras marchas se deben a la prensa extranjera, especialmente cronistas holandeses que habían llegado al país para cubrir la previa del Mundial 78. Fueron ellos quienes captaron las imágenes que hoy recorren el mundo, ya que en Argentina no hubo registros televisivos propios hasta bien entrada la década del 80.
El origen del pañuelo: de pañal a bandera
Respecto al símbolo máximo, el pañuelo blanco, Gorini precisó que no se adoptó desde el primer día, sino en octubre de 1977. Durante una peregrinación masiva a Luján, las madres —que ya eran cerca de 250— buscaban una forma de reconocerse y diferenciarse entre la multitud.
Decidieron entonces usar un pañal de tela de sus hijos atado a la cabeza. Lo que nació como un recurso práctico para una caminata religiosa, se transformó en el emblema mundial de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Para Gorini, las Madres son la “clave” que sostiene la institucionalidad democrática argentina: “Su lucha se proyectó más allá de la dictadura y constituye la médula de las libertades que tenemos que defender permanentemente aún hoy”.
