En el consultorio, hay escenas que se repiten más de lo que uno imagina. Pacientes que llegan con síntomas urinarios que fueron postergando durante meses —a veces años— y que ya forman parte de su rutina diaria.
“Me levanto varias veces a la noche”, “me cuesta empezar a orinar”, “tengo que hacer fuerza”, “siento que no vacío del todo”. Son frases frecuentes, que muchos hombres naturalizan con el paso del tiempo, pero que en realidad suelen ser señales de una patología muy común: la hiperplasia prostática benigna.
La próstata es una glándula que, con los años, tiende a aumentar de tamaño. Este crecimiento puede comprimir la uretra y dificultar la salida de la orina, generando síntomas que afectan directamente la calidad de vida. En etapas iniciales, el tratamiento puede ser farmacológico. Sin embargo, cuando los síntomas progresan o aparecen complicaciones, la cirugía se convierte en la mejor opción.
¿Cuándo es necesario operar?
- No todos los pacientes con agrandamiento prostático requieren cirugía, pero existen situaciones en las que está claramente indicada:
- Dificultad importante para orinar
- Retención urinaria
- Infecciones urinarias recurrentes
- Presencia de cálculos en la vejiga
- Sangrado urinario
- Falta de respuesta al tratamiento médico
En estos casos, el objetivo del tratamiento es claro: eliminar la obstrucción y permitir que el paciente vuelva a orinar con normalidad.
Distintas opciones quirúrgicas
Durante muchos años, la cirugía tradicional fue el tratamiento estándar. Estas técnicas siguen vigentes y pueden ser necesarias en determinados contextos. Sin embargo, implican en general mayor invasividad, más sangrado y tiempos de recuperación más prolongados.
En los últimos años, la tecnología ha permitido avanzar hacia procedimientos menos invasivos, más precisos y con mejores resultados para el paciente.
Uno de los avances más importantes en este sentido es la incorporación del láser HOLMIUM de alta potencia. (100w)
Láser de alta potencia: precisión y seguridad
El láser HOLMIUM (100 w) permite trabajar sobre el tejido prostático con gran precisión. Su acción combina corte y coagulación en simultáneo, lo que reduce significativamente el sangrado durante la cirugía.
A través de esta tecnología, es posible realizar procedimientos sin incisiones externas, accediendo a la próstata por vía endoscópica, es decir, a través de la uretra.
Esto representa un cambio importante en la experiencia del paciente, tanto durante la cirugía como en el postoperatorio.
HoLEP: una técnica en crecimiento
Una de las técnicas más utilizadas con este tipo de láser es la HoLEP (enucleación prostática con láser de HOLMIUM), considerada una de las tecnologías mas modernas, utilizadas en el mundo para cirugías prostáticas o de litiasis y recomendada por las guías de urología internacionales (AUA-EAU).
Se trata de un procedimiento mínimamente invasivo que permite extraer el tejido prostático que genera la obstrucción de forma completa. Posteriormente, ese tejido se fragmenta y se retira.
Esta técnica ha demostrado ser eficaz incluso en próstatas de gran tamaño, algo que antes requería cirugías más complejas.
¿Qué cambia para el paciente?
- El impacto de estas nuevas tecnologías es significativo:
- Menor sangrado durante la cirugía
- Internaciones más cortas (en muchos casos, alrededor de 24 horas)
- Menor tiempo de uso de sonda vesical
- Menor dolor postoperatorio
- Recuperación más rápida
- Resultados duraderos
En definitiva, se trata de una cirugía más amigable, que permite al paciente retomar sus actividades en menos tiempo.
La importancia de consultar a tiempo
Uno de los principales desafíos sigue siendo la consulta tardía. Muchos pacientes conviven con los síntomas durante años, adaptando su rutina sin buscar una solución.
Sin embargo, hoy existen múltiples alternativas terapéuticas, y la indicación adecuada depende de cada caso en particular. Evaluar a tiempo permite elegir el mejor tratamiento y evitar complicaciones.
Más allá de la próstata
Si bien su uso en la hiperplasia prostática benigna es uno de los más difundidos, el láser de holmium también tiene aplicaciones en otras patologías urológicas. Se utiliza en el tratamiento de cálculos urinarios —tanto renales, ureterales como vesicales— mediante su fragmentación, en la resolución de estenosis uretrales al permitir cortar tejido cicatricial, y en casos seleccionados de tumores de vejiga, donde posibilita resecciones más precisas y con mejor control del sangrado. Esta versatilidad lo convierte en una herramienta clave dentro de la urología moderna.
Un cierre desde el consultorio
Los problemas prostáticos tienen solución, y hoy más que nunca contamos con herramientas que permiten abordarlos de forma segura, eficaz y menos invasiva.
La clave sigue siendo la consulta a tiempo.
Y también entender que la tecnología no solo mejora la cirugía, sino también la calidad de vida.
En la próxima columna vamos a profundizar en otra de sus grandes aplicaciones: el tratamiento de los cálculos urinarios.
