Desde chica miraba el cielo en el patio de su casa en Lanús y decía que quería ser astronauta. A los 37 años, ese sueño infantil tomó forma: Lorna Evans es médica aeroespacial, piloto y candidata a astronauta análoga en la NASA, donde colabora como investigadora externa.
Egresada de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Evans combinó su vocación médica con la aviación. Mientras estudiaba, trabajaba para costear sus horas de vuelo y obtener la licencia de piloto. Con el tiempo, orientó su carrera hacia la medicina aeroespacial, una disciplina que estudia cómo impactan en el cuerpo humano las condiciones extremas de la aviación y el espacio, como la microgravedad, la radiación o las fuerzas G.
Tras graduarse, emigró a Estados Unidos en busca de especialización. Luego de varios intentos fallidos, logró ingresar a programas de investigación vinculados a la NASA. Actualmente reside en Florida, donde trabaja en la Mayo Clinic y desarrolla proyectos relacionados con la salud de astronautas en misiones de larga duración.
Entre sus investigaciones, analiza el comportamiento del dióxido de carbono en la Estación Espacial Internacional y sus efectos en la salud, además de estudiar estrategias de nutrición para viajes espaciales prolongados.
El sueño de Artemis
Evans se postuló como candidata a astronauta análoga en el programa HERA (Human Exploration Research Analog), una iniciativa que simula condiciones de aislamiento y confinamiento similares a las de una misión espacial. El proceso de selección es altamente competitivo y cada año miles de personas se presentan para apenas un puñado de lugares.
Su gran meta es integrar la misión Artemis, el programa espacial que busca llevar nuevamente astronautas a la Luna y establecer una presencia humana sostenible como paso previo a futuras misiones a Marte.
Además de su carrera científica, Evans impulsa la Asociación Latinoamericana de Medicina Aeroespacial, Ingeniería y Biotecnología, con el objetivo de abrir camino a profesionales de la región interesados en la exploración espacial.
“Quiero inspirar a los jóvenes a que sigan sus sueños. Incluso si parece imposible, se puede lograr”, sostiene. Desde aquel patio en Lanús hasta los laboratorios vinculados a la NASA, su historia combina perseverancia, formación pública y una meta clara: llegar cada vez más cerca del espacio.