Hay dos buenas noticias económicas para mirar con atención. Son buenas, sí, pero todavía son pequeñas. No alcanzan para decir que la economía argentina está mejor, aunque sí muestran algunos movimientos que vale la pena seguir.
La primera tiene que ver con la morosidad bancaria. Los datos de junio muestran una caída del 25% en la cantidad de personas, familias y pequeñas empresas que estaban atrasadas con sus pagos en los bancos tradicionales.
La aclaración es importante: estamos hablando exclusivamente de bancos públicos y privados. No incluye billeteras virtuales, fintech, créditos de comercios ni tarjetas propias de cadenas comerciales.
La explicación principal no está en una recuperación fuerte de los ingresos ni en una mejora contundente del bolsillo. Está en que empezó a funcionar la renegociación de deuda que ofrecen los bancos.
La refinanciación de tarjetas empieza a ordenar una deuda que se había vuelto impagable
El problema central está en las tarjetas de crédito. Son la deuda más cara del sistema financiero y, durante los últimos meses, muchas familias quedaron atrapadas pagando intereses cada vez más altos.
La solución que encontraron los bancos fue transformar esa deuda en un préstamo personal, generalmente a 24 o 36 cuotas, con una tasa más baja.
El costo para el cliente existe: muchas veces implica una suspensión temporal de la tarjeta o una reducción del límite disponible. Pero permite transformar una deuda que crecía todos los meses en una obligación con un esquema más previsible.
Esto explica la caída de la mora. No es todavía una mejora de la economía real, pero sí un alivio dentro de un sistema financiero que venía acumulando problemas.
El IVA dio una señal que puede ser clave: volvió a crecer por encima de la inflación
La segunda buena noticia aparece en la recaudación de julio.
El dato más importante no está en la recaudación general, sino en el comportamiento del IVA, el principal impuesto argentino y uno de los mejores termómetros para medir consumo.
El IVA creció un 4,2% por encima de la inflación interanual. Es la primera vez en el año que muestra una mejora real después de varios meses negativos.
¿Esto significa que el consumo está recuperándose? Puede ser. Pero todavía no alcanza para afirmarlo.
En economía hay que mirar tendencias, no fotografías. Un solo mes puede ser un cambio de rumbo o simplemente un dato aislado. Habrá que esperar los próximos meses para saber si este movimiento se sostiene.
La otra cara: una economía que crece, pero con más informalidad
El problema aparece cuando se miran otros indicadores.
El impuesto al cheque sigue mostrando debilidad. Y eso marca una señal preocupante: si el dinero no circula por el sistema bancario, puede estar creciendo una economía informal que no queda registrada.
La otra luz amarilla está en el sistema previsional. Los aportes de trabajadores registrados, autónomos y monotributistas siguen cayendo.
Una economía puede mostrar algunos signos de recuperación, pero si al mismo tiempo pierde trabajadores formales y aportes previsionales, el crecimiento tiene una base más débil.
El riesgo es estar frente a una economía que mejora en algunos indicadores, pero que sostiene una informalidad cada vez más grande.
La reforma laboral todavía espera sus resultados
La reforma laboral era presentada como una herramienta para generar más empleo formal. Sin embargo, hasta ahora no aparecen resultados claros.
Las empresas todavía no muestran una confianza suficiente como para acelerar contrataciones y los sectores que generan empleo siguen siendo prácticamente los mismos de siempre.
La foto del primer semestre no muestra un cambio profundo en el mercado laboral.
Habrá que esperar algunos meses más. Recién hacia fin de año, con más tiempo de aplicación de la reforma y nuevos datos, se podrá hacer una evaluación más justa.
Por ahora, la economía argentina muestra pequeñas señales positivas, pero conviven con problemas estructurales que todavía siguen sin resolverse.
