Iván Ojeda no tiene una historia más. Tiene una de esas que se construyen a puro esfuerzo, con caídas profundas y la convicción suficiente para volver a levantarse. Hoy, entrenándose con la Primera de Colón y aprovechando su presente en la Reserva, el delantero abrió su corazón en Magazine Deportivo y dejó un relato tan crudo como inspirador.
El presente lo encuentra atravesando la exigencia del día a día, incluso bajo condiciones adversas: “Acá en Santa Fe se vive fuerte el calor, pero bueno, estoy un poco acostumbrado. Igual se sufre un poco en los entrenamientos, encima que son muy intensos”, contó.
Pero para entender su actualidad hay que volver al inicio, a barrio Pompeya, donde todo empezó: “Mi carrera comienza más o menos a los ocho años. Soy del barrio Pompeya. Empecé jugando en el club Pucará, que está a pocas cuadras de mi casa”. Allí se formó hasta que llegó el llamado que le cambiaría el rumbo: “Jugué ahí hasta los 16 años, después me llamó Colón”.
Su desembarco en el Sabalero no fue sencillo, pero sí determinante: “Llegué a sexta, que es una edad medio grande, pero por suerte tuve muchas oportunidades. Pasé por varias categorías, reserva y después primera. Debuté y fue un trayecto muy lindo, aunque difícil, con muchas piedras en el camino”.
Esas “piedras” tuvieron nombre propio: lesiones graves que pusieron todo en duda. “Tuve una lesión larga de ligamentos, dos veces seguidas. Fue muy difícil, pero se trabajó mucho y se pudo salir adelante”, recordó. Aunque el momento más crítico lo llevó a pensar en abandonar: “En la segunda lesión, ya operado, pensé en no seguir más. Empecé a trabajar con mi viejo de albañil. Tenía la pierna muy flaca, estaba complicado”.
Ese punto de quiebre encontró una luz inesperada desde el club: “Después de una o dos semanas, me llamó Claudio Carmona, preguntándome cómo estaba. Me dijeron que era importante que me recupere y me ofrecieron quedarme en la pensión”. Esa oportunidad lo cambió todo: “Eso me dio esperanza. Lo hablé con mi familia y aceptaron enseguida. Me fui a vivir a la pensión para recuperarme”.
El apoyo familiar fue clave, incluso en los momentos más duros: “Mi viejo no me llamaba mucho, pero se notaba que estaba preocupado. Después de ese llamado me dijo: ‘No quiero que trabajes más conmigo, andá a la pensión y recuperate’”.
Ya recuperado, Ojeda volvió a enfocarse en su carrera, en un contexto nuevo tanto en Reserva como en Primera: “Se armó prácticamente de cero: cuerpo técnico nuevo, muchos jugadores nuevos. Costó al principio, pero con el día a día nos vamos conociendo y se va armando un lindo grupo”.
Esa misma unión también se siente en el plantel superior: “Desde el primer día se sintió un grupo muy unido, como una familia. Es hermoso ir al club porque tanto en reserva como en primera hay un gran grupo”.
En su recorrido también hubo momentos complejos desde lo deportivo, como tener que bajar a Reserva tras estar en Primera: “No es nada fácil, pero con los pibes nos apoyamos mucho. Nadie te hace sentir que bajar es algo negativo. Es para sumar minutos, agarrar confianza y demostrar que estás preparado”.
Con humildad y autocrítica, el delantero reconoce en qué quiere mejorar y también a quién mira: “Ahora me gusta mucho Harry Kane. Me gusta cómo ayuda al equipo, cómo siempre está en el área y la tranquilidad para definir. Fue lo que me faltó ayer, estaba desesperado”.
Otro momento imborrable en su carrera llegó el 21 de septiembre, el día de su debut, que tuvo un condimento especial: “Me llegó un mensaje del ‘Bichi’ Fuertes antes de ir al estadio. Me dijo que esté tranquilo, que una me iba a quedar. Que me veía parecido a él en algunas cosas. Fue muy emocionante”.
Hoy, en plena competencia interna por un lugar, valora el entorno: “Hay una competencia sana. Con Bonansea y Castro Nos llevamos muy bien y eso te motiva más. Sabés que los otros también se lo merecen, entonces tenés que dar todo por el grupo”.
Con los pies en la tierra, pero los sueños bien claros, Ojeda no duda cuando mira hacia adelante: “Tengo muchos sueños, pero hoy es jugar en Colón y ascender con el club. Soy hincha, así que es lo que más deseo”.
Desde Pompeya hasta el predio sabalero, pasando por una obra y dos lesiones que casi lo alejan de todo, Iván Ojeda sigue escribiendo su historia. Una que todavía tiene mucho por contar, pero que ya dejó en claro que está hecha de lucha, pertenencia y un sueño que no se negocia.
