Luego de atravesar uno de los otoños más secos de la última década, Santa Fe y gran parte del Litoral podrían enfrentar un cambio de escenario climático hacia la primavera y el verano.
Los modelos internacionales y los informes meteorológicos coinciden en que el fenómeno de El Niño comenzó a consolidarse sobre el océano Pacífico y podría provocar lluvias por encima de lo normal, tormentas intensas y una recuperación de los caudales del río Paraná.
En ese contexto, el consultor y especialista en el mercado global de granos y agrometeorología, Germán Iturriza, sostuvo en diálogo con Está Pasando, que el antecedente más útil para entender el escenario es el ocurrido entre 2015 y 2016.
Según explicó, cuando conversa con productores suele proponer un ejercicio simple: “remontémonos a 2015-2016, el último gran Niño que tuvimos en nuestra zona”, ya que ese período dejó lluvias extraordinarias y serios inconvenientes en buena parte del Litoral.
El especialista recordó que en sectores de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes se registraron precipitaciones excepcionales, con localidades que acumularon entre 400 y 450 milímetros durante abril de 2016, un escenario que hoy vuelve a ser tomado como referencia para planificar la próxima campaña.
Planificar para reducir riesgos
Aunque aclaró que todavía falta para la llegada del período de mayor impacto, Iturriza remarcó que la principal diferencia la hará la preparación. En esta línea, aseguró que “lo importante es que esto no nos sorprenda” y recomendó revisar cómo respondió cada establecimiento durante el último gran Niño, evaluar el estado de los caminos rurales y analizar alternativas logísticas y productivas.
Incluso sugirió trabajar con distintos escenarios. “Siempre les digo a los productores que tengan un plan A, un plan B y un plan C”, explicó, al señalar que cada uno debe contemplar desde un año con lluvias normales hasta un contexto de excesos hídricos que dificulte el acceso a los campos.
El desafío no será producir, sino sacar la cosecha
Desde el punto de vista productivo, Iturriza consideró que un año Niño suele favorecer el rendimiento de los cultivos gracias a la mayor disponibilidad de agua. Sin embargo, advirtió que el mayor problema aparece cuando las precipitaciones afectan la logística.
En ese sentido, señaló que “para los granos, el sobrante de humedad en general es positivo. El problema es logístico”, ya que lluvias de gran intensidad en pocas horas pueden paralizar las tareas en los campos y complicar el transporte.
