El último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud dio resultados alarmantes sobre la salud mental de los jóvenes argentinos.
Durante el año pasado, hasta el 31 de octubre se habrían registrado 11.799 intentos de suicidio. Lo que significa que más de 33 personas por día intentaron quitarse la vida en el último año.
Según los datos otorgados por el Ministerio de Salud, las tasas más se concentran en adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años. Y no sólo eso, sino que la mayoría son mujeres, correpsondiendo al 61% de los intentos. Y más aún en adolescentes de 15 a 24 años. A pesar de que la mayor cantidad de casos sea de mujeres, la letalidad fue cinco veces mayor en varones.
Entre el 1 de abril de 2023 y el 31 de octubre de 2025, se notificaron 22.249 casos, de ese total, el 95% corresponde a intentos de suicidio sin resultado mortal, y el
5% a intentos de suicidio con resultado mortal.
¿Qué está pasando con los jóvenes?

En los últimos meses esta pregunta ha pasado por la cabeza de los adultos en más de una ocasión. Diferentes hechos de violencia que involucran a menores sumado a otros episodios, nos inducen hacia esta duda.
Pero, ¿qué está pasando con los adultos? Dónde están, qué hacen, qué les impide el acercamiento a los adolescentes.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la salud mental es “un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad”. Claramente, es un estado clave para hacer frente a los eventos que se transitan durante la adolescencia.
La salud mental también es un derecho humano fundamental, por lo que el Estado debería garantizarla.
La Fundación de Soberanía Sanitaria ya había notificado la crisis en salud mental en Argentina. Los principales factores por los que la Fundación afirmaba la emergencia son el incremento sostenido en la demanda de atención en el sistema público por casos de salud mental. Además, el desfinanciamiento del Sistema Público de Salud lo que genera directamente “fragmentación en subsistemas inconexos y desarticulados“. También se suma la pérdida de cobertura privada, el aumento de precios de los medicamentos y la fata de políticas públicas en salud mental.






















