Las elecciones legislativas en Estados Unidos tienen una importancia económica mucho mayor para la Argentina de lo que podría parecer a primera vista. No necesariamente por lo que ocurra en el corto plazo, sino por las consecuencias que puede tener el resultado sobre el financiamiento que nuestro país podría necesitar durante el próximo año.
El Gobierno de Javier Milei decidió atar buena parte de su estrategia internacional a la administración de Donald Trump. Cuando esa relación funciona, representa un respaldo político y financiero importante. Pero cuando aparecen dudas sobre el escenario estadounidense, los mercados miran de otra manera a la Argentina.
Hay un antecedente concreto. El año pasado, cuando Scott Bessent impulsó el rescate financiero argentino y compró alrededor de 3.000 millones de dólares en títulos públicos, hubo un intento en el Congreso norteamericano de cuestionar esa asistencia y pedir explicaciones. La iniciativa no prosperó porque los republicanos tenían una mayoría legislativa que permitió frenarla.
Ahora hay que preguntarse qué podría pasar si esa mayoría cambia o se debilita. Si la Argentina vuelve a necesitar una ayuda financiera de Estados Unidos, ¿existirán las mismas condiciones políticas para conseguirla?
No sabemos todavía si nuestro país necesitará ese respaldo. Tampoco sabemos cómo quedará configurado el Congreso estadounidense. Pero alcanza con que los mercados contemplen esa posibilidad para que aparezca incertidumbre.
El riesgo país y la necesidad de conseguir dólares
La reacción financiera ya se está haciendo sentir. El riesgo país volvió a superar los 800 puntos básicos, un nivel que remite al escenario del año pasado, después de la derrota electoral del oficialismo en la provincia de Buenos Aires.
Y este indicador importa mucho más de lo que parece, porque la Argentina tiene compromisos de deuda muy importantes durante 2027.
Estamos hablando de alrededor de 25.000 millones de dólares que el país deberá afrontar. En los números disponibles hay unos 5.000 millones de dólares en caja y alrededor de 15.000 millones contemplados en las fuentes de financiamiento previstas. Queda una diferencia de aproximadamente 5.000 millones de dólares que habrá que conseguir.
¿Dónde se consigue ese dinero? Una posibilidad es volver a los mercados internacionales, pero con un riesgo país de 800 puntos básicos eso significa enfrentar tasas de interés que pueden ubicarse entre el 12% y el 13%. Es un costo financiero demasiado elevado.
Por eso las elecciones estadounidenses importan. No se trata solamente de una cuestión de afinidad política entre Milei y Trump, sino de la posibilidad de contar con respaldo financiero cuando la Argentina lo necesite.
Además, el Gobierno argentino quedó muy expuesto a esa relación. Cuando las expectativas son favorables, el mercado acompaña. Cuando aparecen dudas sobre el apoyo de Washington, la Argentina recibe el impacto con mucha más intensidad que otros países de la región.
El movimiento también alcanza a las acciones de empresas energéticas, bancos y compañías como Pampa Energía y Central Puerto. A eso se suma la presión sobre el dólar, que en los últimos días mostró una recuperación de entre 15 y 20 pesos. No necesariamente es una mala noticia, porque el tipo de cambio venía atrasado frente a la inflación, pero sí es una señal de que el contexto financiero está cambiando.
La recaudación empieza a recuperarse
En medio de este escenario hay un dato positivo que vale la pena destacar: la recaudación impositiva volvió a crecer por encima de la inflación en octubre.
Para entender su importancia hay que recordar que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional tiene tres metas centrales de cumplimiento: la acumulación de reservas, el control de la emisión monetaria y el superávit fiscal primario.
Pero hay una cuarta variable que, aunque no aparece formalmente con la misma jerarquía, resulta fundamental: la recaudación de impuestos.
Durante los primeros cuatro meses del año, los ingresos tributarios habían quedado aproximadamente un 13% por debajo de la inflación. Era una señal de alarma para las cuentas públicas. Sin embargo, durante los últimos cuatro meses la tendencia comenzó a cambiar y octubre terminó con una mejora real del 3%.
Esto significa que la recaudación creció por encima de la inflación durante ese mes. Es una buena noticia, aunque todavía no alcanza para compensar todo lo perdido: el acumulado de los primeros diez meses del año continúa mostrando una caída real del 2,7%.
Ahora la pregunta es qué puede pasar en noviembre y diciembre. ¿Alcanzará la recuperación de los ingresos para terminar el año con una recaudación que le gane a la inflación?
Hay un dato que ayuda a explicar esta mejora: los derechos de exportación registraron un crecimiento superior al 100%. Y nuevamente aparece Vaca Muerta.
El aumento de las exportaciones de petróleo y gas genera más ingresos en dólares y, cuando esos recursos se liquidan, también se produce un efecto sobre la recaudación tributaria. No todo el derrame de Vaca Muerta llega de manera directa a los hogares, pero sus efectos sobre las cuentas públicas y el ingreso de divisas son cada vez más visibles.
Si la recaudación consigue sostener un crecimiento por encima de la inflación y esa tendencia continúa durante el primer semestre del año próximo, podría empezar a abrirse una discusión sobre una eventual reducción de impuestos.
Pero para eso hace falta una condición: los ingresos tributarios tienen que crecer en términos reales. Sin esa recuperación, será difícil generar margen fiscal para una rebaja impositiva.
Inflación y precios: la carne vuelve a encender una alerta
En cuanto a la inflación de octubre, las primeras estimaciones ubican el índice entre el 1,7% y el 1,9%, nuevamente por debajo del 2%. Sin embargo, hubo una aceleración importante en alimentos y bebidas, especialmente por el comportamiento de algunos productos estacionales.
La carne también empezó a moverse. Y acá hay un dato que conviene tener en cuenta: sus precios venían aumentando por debajo de la inflación durante los últimos meses. Esa diferencia difícilmente pueda sostenerse indefinidamente.
Por eso, para quienes ya están pensando en las compras de fin de año y tienen previsto hacer un asado, mi recomendación es anticiparse. Es probable que durante la segunda quincena de noviembre empiecen a sentirse con más fuerza los aumentos.
La economía argentina llega al cierre del año con dos discusiones que van a seguir de cerca los mercados: la posibilidad de mantener el respaldo financiero internacional y la capacidad de recuperar los ingresos fiscales por encima de la inflación.
Una relación política favorable con Estados Unidos puede ayudar, pero no reemplaza la necesidad de contar con financiamiento propio y condiciones para volver a los mercados. Y una recaudación que empieza a recuperarse es una buena señal, aunque todavía falta compensar la caída acumulada.
El desafío es transformar esas señales positivas en una economía que pueda sostenerse sin depender permanentemente de la ayuda externa.