En un contexto de creciente seguimiento sobre la evolución del fenómeno El Niño y sus posibles efectos en la región, Santa Fe se prepara para un período con mayor probabilidad de lluvias por encima de los registros habituales.
En diálogo con Amanecer no es poco, el decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (FICH-UNL), Ing. Felipe Franco, explicó que los modelos climáticos anticipan una intensificación del fenómeno hacia el último trimestre del año y remarcó la importancia de fortalecer las medidas de prevención.
Franco explicó que actualmente se realiza un seguimiento coordinado entre la Universidad, la Provincia y el municipio. Según indicó, los modelos prevén que hacia fines de 2026 el fenómeno pueda alcanzar una intensidad considerable, con impacto directo sobre el régimen de precipitaciones.
“Para finales de este año, el último trimestre, vamos a tener indicadores de que El Niño va a ser de una magnitud muy fuerte”, sostuvo.
Más lluvias y atención sobre los ríos
En cuanto al incremento de las precipitaciones, Franco señaló que ya puede observarse en los registros de agosto. En este sentido, precisó que el promedio histórico para este mes ronda los 40 milímetros, mientras que el acumulado hasta el momento ya duplica ese valor.
Para septiembre, explicó, los modelos proyectan una probabilidad de precipitaciones alrededor de un 30% por encima de lo normal. El escenario podría profundizarse durante octubre y noviembre, cuando aumentan las probabilidades de lluvias superiores a los registros históricos.
El especialista aclaró que esto no significa necesariamente que se repitan eventos extremos de manera uniforme en toda la provincia, ya que las lluvias pueden ser localizadas o extenderse sobre amplias zonas. Sin embargo, advirtió que una combinación de precipitaciones intensas y niveles elevados de los ríos puede incrementar el riesgo de anegamientos y crecidas.
“Cuando lleguemos a la etapa de lluvias principales, septiembre, octubre y noviembre, puede haber lluvias intensas que, si se combinan con el río prácticamente alto, vamos a tener dificultades fundamentalmente si las intensidades son muy altas”, explicó.
En ese sentido, mencionó especialmente a las localidades vinculadas con los cursos de agua. El río Paraná y el Salado aparecen entre los principales focos de atención, mientras que también pidió seguir de cerca la evolución del río Uruguay, que ya presenta niveles elevados.
Respecto del Paraná, Franco llevó tranquilidad al señalar que por el momento no existe un escenario que permita hablar de una situación de alarma inmediata. No obstante, remarcó que los niveles podrían incrementarse a medida que las lluvias se acumulen en las distintas cuencas.
Prevención, obras y planificación urbana
Consultado sobre la preparación de la ciudad Santa Fe ante un escenario de lluvias extraordinarias y eventuales crecidas, el decano destacó los trabajos realizados durante los últimos años sobre las defensas y los sistemas de bombeo.
“En los últimos dos años se han repasado varias veces las diferentes defensas”, señaló Franco, quien además destacó las tareas de mantenimiento y repotenciación de los sistemas de bombeo en la ciudad de Santa Fe.
El ingeniero también diferenció los efectos de El Niño de los provocados por el cambio climático. Mientras que El Niño es un fenómeno cíclico que se repite con una frecuencia de entre cinco y diez años, el cambio climático responde a un proceso de transformación de más largo plazo.
En este punto, consideró necesario que Santa Fe avance hacia un nuevo enfoque de planificación territorial. “Tenemos que empezar a pensar la ciudad no solamente en seguirla tratando de igualar en cuanto a las necesidades básicas, sino también en esa adaptabilidad al cambio climático”, sostuvo.
Franco planteó la necesidad de incorporar espacios verdes, arbolado adecuado y estructuras denominadas “azules y verdes”, capaces de contribuir tanto a moderar las temperaturas como a absorber y almacenar agua de lluvia.
Para el especialista, las grandes obras de infraestructura deben complementarse con planificación, sistemas de alerta y prevención. También remarcó el rol de la población en el mantenimiento de los desagües y en la reducción de factores que pueden aumentar la vulnerabilidad de determinados barrios.
“Todos van en conjunto”, resumió al ser consultado sobre qué resulta más importante frente a los nuevos escenarios: las obras, la planificación o los sistemas de alerta.
El antecedente de 2015-2016
En lo que refiere a la evolución posterior del fenómeno, Franco consideró que los modelos indican que la intensidad de El Niño podría comenzar a disminuir hacia fines de diciembre o principios de enero. Sin embargo, advirtió que ese proceso podría coincidir con el período de crecidas habituales de febrero y marzo.
Por eso, planteó la posibilidad de que el comportamiento pueda guardar similitudes con el período 2015-2016, cuando El Niño alcanzó su pico hacia fines de diciembre y luego comenzó a perder intensidad.
Franco remarcó que la comunidad debe seguir la información oficial ante la posibilidad de eventos meteorológicos relevantes. “La primera recomendación es que siempre se guíen por los medios oficiales que emiten las alertas”, sostuvo, y mencionó al Servicio Meteorológico Nacional, la Dirección de Gestión de Riesgo de la Provincia y las juntas de riesgo locales.
Finalmente, destacó que la FICH-UNL continúa participando junto con distintos organismos públicos en espacios de planificación y prevención. “No solamente nos convocan para la emergencia, sino que estamos trabajando justamente en planificar una ciudad que sea más sustentable y que obviamente tenga una mejor vida para las generaciones futuras”, concluyó.
