En los últimos años, la esteatosis hepática, más conocida como “hígado graso”, se ha convertido en una de las enfermedades más frecuentes del mundo. Lo llamativo es que muchas personas la tienen y no lo saben, porque en la mayoría de los casos no produce síntomas.
Nuestro hígado cumple funciones esenciales: procesa los nutrientes, elimina sustancias tóxicas, produce proteínas y participa en el metabolismo de las grasas y los azúcares. Cuando comienza a acumular grasa en exceso, su funcionamiento puede verse afectado.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, esta enfermedad puede prevenirse e incluso revertirse con cambios en el estilo de vida.
¿Por qué aparece el hígado graso?
Aunque muchas personas asocian el hígado graso únicamente con el consumo de alcohol, hoy sabemos que la causa más frecuente no está relacionada con el alcohol, sino con alteraciones del metabolismo.
Los principales factores de riesgo son:
- Sobrepeso u obesidad.
- Diabetes tipo 2.
- Colesterol y triglicéridos elevados.
- Hipertensión arterial.
- Sedentarismo.
- Alimentación rica en alimentos ultraprocesados, azúcares y bebidas azucaradas.
También puede presentarse en personas con peso normal, especialmente si tienen acumulación de grasa abdominal o antecedentes familiares.
¿Da síntomas?
Generalmente no.
Muchas veces se descubre de manera casual al realizar un análisis de sangre o una ecografía abdominal por otro motivo.
Algunas personas pueden sentir cansancio o una molestia leve en la parte superior derecha del abdomen, pero estos síntomas no son específicos.
¿Es una enfermedad grave?
Puede serlo si no se detecta y trata a tiempo.
En algunas personas la grasa solo permanece acumulada en el hígado. Sin embargo, en otras puede generar inflamación, lo que favorece la aparición de cicatrices (fibrosis). Si este proceso continúa durante años, puede evolucionar hacia cirrosis e incluso aumentar el riesgo de cáncer de hígado.
Además, quienes tienen hígado graso presentan un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infarto o accidente cerebrovascular, que son la principal causa de complicaciones en estos pacientes.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico suele comenzar con una combinación de:
- Análisis de sangre.
- Ecografía abdominal.
- Evaluación de factores de riesgo como obesidad, diabetes o colesterol elevado.
En algunos casos pueden solicitarse estudios específicos para medir la fibrosis hepática y determinar el grado de compromiso del hígado.
¿Tiene tratamiento?
Sí, y el tratamiento más efectivo sigue siendo el cambio en el estilo de vida.
Las recomendaciones incluyen:
- Perder entre un 7 y un 10 % del peso corporal cuando existe sobrepeso u obesidad.
- Realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física.
- Priorizar una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado.
- Reducir el consumo de bebidas azucaradas, dulces, harinas refinadas y alimentos ultraprocesados.
- Controlar adecuadamente la diabetes, la presión arterial y el colesterol.
Actualmente existen medicamentos que pueden indicarse en personas seleccionadas, especialmente cuando hay obesidad o diabetes, pero siempre deben ser evaluados por el médico.
