Para arrancar hablar de la resistencia a la insulina creo que es importante repasar: ¿qué es la Insulina? ¿Una droga? ¿Una inyección que se usa en el tratamiento de la Diabetes? ¿O acaso es una hormona a base de aminoácidos que forma parte del metabolismo de la glucosa, reduciendo sus niveles en sangre cuando es necesario? Todas son correctas, pero hoy vamos hacer referencia a esta última, la hormona endógena.
Algo importante a destacar es que como toda hormona, la insulina actúa en los tejidos sobretodo músculo (cardíaco y esquelético), e hígado, a través de receptores (estructuras que funcionan como cerraduras, siendo la llave la Insulina), aumentando la captación de glucosa en sangre hacia dichos tejidos y así disminuir sus niveles séricos (homeostasis de la glucosa).
¿Qué sucede en la Resistencia a la Insulina?
En dicha condición lo que sucede es que disminuye la sensibilidad de los receptores a la unión con la insulina, y por lo tanto hay una resistencia en su accionar, generando un aumento en la liberación y producción de insulina que es llevada a cabo por una células presentes en el páncreas.
Cuando este hiperinsulinismo compensatorio comienza a ser insuficiente para mantener la homeostasis de la glucosa, es donde empiezan a documentarse aumentos de la glucosa en sangre por arriba de lo normal, considerándose dicha etapa como Intolerancia a la glucosa, siendo la etapa previa a la aparición de la Resistencia a la Insulina.
Ahora bien, ¿cuáles son las causas de la pérdida de la sensibilidad a la acción de la insulina?
Exceso de grasa visceral: La grasa acumulada en el abdomen y alrededor de los órganos (como el hígado) libera sustancias inflamatorias que alteran los receptores celulares.
Inflamación crónica de bajo grado: Los altos niveles de ácidos grasos libres y el estrés oxidativo interrumpen las vías moleculares necesarias para que la señal de la insulina funcione correctamente.
Hiperinsulinemia: los niveles crónicamente altos de insulina causan que las células “apaguen” o reduzcan el número de receptores para protegerse.
Factores genéticos y edad: Una predisposición familiar y el envejecimiento natural disminuyen la masa muscular y provocan alteraciones mitocondriales que reducen la sensibilidad a la hormona.
En conclusión esto ocurre cuando el exceso de grasa corporal comienza a interferir con el metabolismo celular. Esto provoca una reducción en la cantidad de receptores o una falla en las señales internas (bloqueo molecular), lo que impide que la glucosa ingrese a las células.
Si la Insulinorresistencia se sostiene en el tiempo, evoluciona de forma natural a la Diabetes tipo 2, con requerimiento en algunas oportunidades de utilizar la Insulina exógena como tratamiento, sobre todo cuando la reserva pancreática de insulina disminuye o se termina.
Por eso es muy importante no solo hacerse controles anuales de laboratorio si no también establecer hábitos saludables, compatibles con la vida de cada uno y que ayuden a disminuir las enfermedades crónicas no infecciosas y/o sus entidades precursoras.
