La espera terminó y las campeonas del mundo ya están en casa. Las Leonas arribaron a Ezeiza antes de las 6 de la mañana con la Copa del Mundo entre sus manos, después de protagonizar una histórica consagración en Wavre-Amstelveen y sumar la tercera estrella de su historia.
A pesar del horario, decenas de personas se acercaron al aeropuerto para recibir al equipo dirigido por Fernando Ferrara. Entre abrazos, fotos y cánticos, las jugadoras celebraron el regreso junto a sus seres queridos y volvieron a exhibir el trofeo que habían conquistado horas antes.
Majo Granatto, una de las capitanas, fue de las primeras en aparecer con la copa y resumió la emoción que atraviesa al plantel: “Fue un sueño hecho realidad. Fue la mejor final que jugamos en el año, con determinación”. También destacó el acompañamiento de los hinchas y la presencia de Luciana Aymar, quien acompañó al equipo durante la etapa decisiva del torneo.
La definición frente a las neerlandesas estuvo a la altura de una final mundialista. Argentina comenzó abajo por el gol de Yibbi Jansen, pero no se rindió y encontró la igualdad en el tramo decisivo gracias a un desvío de la propia Granatto tras un córner corto.
Con el 1-1 que se mantuvo durante el tiempo reglamentario, todo se trasladó a los penales australianos. Allí apareció una de las grandes figuras de la consagración: Cristina Cosentino. La arquera argentina contuvo dos ejecuciones claves y, del otro lado, Vicky Granatto, Brisa Bruggesser y Sofía Cairó convirtieron para sellar el triunfo.
El campeonato significó mucho más que una nueva estrella. Argentina volvió a ser campeona del mundo después de 16 años, desde aquella inolvidable conquista de Rosario 2010. Antes había celebrado en Perth 2002, y en las tres finales derrotó al mismo rival: Países Bajos.
Con este nuevo título, Las Leonas alcanzaron tres Mundiales y quedaron como el segundo seleccionado femenino más ganador de la historia, únicamente detrás de las neerlandesas, que acumulan nueve consagraciones..
