En la previa de la sentencia de la causa Laguna Paiva II, que investiga delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar, Mario Páez, hijo de Arnaldo Catalino Páez y una de las víctimas del terrorismo de Estado, dialogó con Amanecer no es poco.
Páez fue secuestrado cuando tenía 14 años junto a su padre y su madre, Juana Medina, en el marco de la persecución desplegada por el Departamento de Informaciones D2 de la Policía de Santa Fe contra su familia.
El juicio reconstruye una serie de delitos de lesa humanidad cometidos contra la familia Páez y Medina durante la última dictadura cívico-militar: secuestros, torturas, abusos sexuales, privaciones ilegítimas de la libertad y abandono de las infancias.
“Nosotros estamos reclamando justicia por los sobrevivientes de todo este mal momento y la dura historia que nos tocó vivir. Hoy vamos a escuchar la condena para quienes nos secuestraron, nos torturaron y nos separaron”, expresó Mario Páez durante la entrevista.
Una familia perseguida por el terrorismo de Estado
Arnaldo Catalino Páez era dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y había encabezado la lucha sindical en el frigorífico Nelson durante la década del 70. Tras el golpe de Estado de 1976, su familia quedó en la mira de las fuerzas represivas.
A principios de los años 80, Páez vivía en la clandestinidad junto a su esposa Juana y sus siete hijos. Para encontrarlo, los represores secuestraron y torturaron a familiares, entre ellos niños y niñas. Finalmente fue localizado en Lima, Buenos Aires, donde fue detenido junto a su esposa y su hijo Mario, que entonces tenía 14 años.
El propio Mario recordó las consecuencias que esa persecución tuvo sobre las infancias de la familia. “Hay un grupo muy numeroso de menores de edad, jovencitos, que perdimos nuestra infancia y tuvimos que madurar de golpe”, sostuvo.
La represión también alcanzó a otros integrantes de la familia Páez y Medina. Sus hermanos, sobrinos y otros familiares fueron víctimas de operativos ilegales que incluyeron secuestros, torturas y abusos. Según los querellantes, la causa permitió demostrar que toda la familia fue alcanzada por el accionar del terrorismo de Estado.
“Pedimos condenas ejemplificadoras”
La espera de una sentencia llega después de 46 años de reclamos. Mario Páez insiste en que los crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado deben tener una respuesta judicial con condenas ejemplificadoras.
“Cuando uno ve que alguien que conoce sigue caminando por las calles de la ciudad donde vive y que fue quien torturó a mi familia, hay un vacío tremendo que no se puede llenar con nada”, afirmó.
En este sentido manifesto su reclamó para que los responsables reciban penas efectivas. “Pedimos que sean condenas ejemplificadoras, que tengan una condena que cumplir en cárcel común y que no tengan ningún tipo de beneficio por más viejitos que sean”, señaló.
Páez también destacó el valor histórico del juicio y el acompañamiento de organismos de derechos humanos que trabajaron durante años para que la causa llegara a esta instancia.
“Hace diez años que estamos peleando por un juicio como este. Trae en este momento un alivio, tal vez no es lo que esperábamos, pero sí para poder tener la conciencia tranquila”, expresó.
Memoria y verdad para las nuevas generaciones
Consultado sobre la intervención de organismos como la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes en la causa, Páez valoró el compromiso con la protección de los derechos de las infancias.
“Pueden pasar 50 años más, pero los reclamos van a seguir porque creo que es justo”, afirmó.
Finalmente, pidió que las nuevas generaciones conozcan lo ocurrido durante la dictadura y rechazó los discursos que buscan relativizar esos crímenes.
“Queremos que se sepa la verdad, que se difunda como corresponde, que nuestros jóvenes estén preparados porque esto no fue una casualidad. No fue una casualidad que fueran niños a las cárceles clandestinas”, concluyó.
