Los avances y frenos en la negociación inter-bloques han prolongado por décadas las tratativas en torno al diseño de un tratado de libre comercio pensado desde la década del 90.
En esa trayectoria zigzagueante del proyecto, conviene revisar algunos momentos en los que se realizaron anuncios altisonantes cuyos efectos quedaron pronto en el medio de una gran brecha entre los dichos y la realidad.
Aquella distancia geográfica y de intereses entre Santa Fe y Bruselas
Para empezar, en julio de 2019, la cumbre de presidentes del MERCOSUR celebrada en la estación Belgrano de la ciudad de Santa Fe, quedó marcada por el anuncio de un “acuerdo en principio” con la Unión Europea.
Aquel año, durante los dos días de actividades se expusieron en la capital provincial tanto los avales como algunos reparos originados especialmente en las diferentes cámaras industriales argentinas, que marcaron desventajas de competitividad en comercio exterior frente a productos manufacturados en Europa.
Consciente de esa percepción de partida, durante el desarrollo de la segunda y última jornada de la cumbre, el entonces ministro argentino de Producción y Trabajo Dante Sica, tras finalizar uno de los encuentros del Consejo del Mercado Común señalaba que el acuerdo “respeta las sensibilidades del sector industrial (argentino) y abre una ventana de oportunidad para ingresar a un mercado en el cual no se compite por precio sino por calidad”.
Más tarde daba su conferencia quien ejercía como ministro de Hacienda argentino, Nicolás Dujovne. En sus conceptos, el funcionario planteaba la posibilidad de prever un proyecto plurinacional de infraestructura y el análisis del sistema impositivo vigente en los países miembros para apuntar a una armonización más competitiva del bloque sudamericano en materia tributaria
Hoy cabe remarcar que transcurrieron más de seis años desde aquellos anuncios que no tuvieron su correlato con la realidad de un proceso política, sectorial y técnicamente mucho más trabado que lo razonable.
El anuncio de Montevideo
Cuando en 2019 la UE puso en marcha el Green Deal o Pacto Verde para transformar el transporte, la producción y el uso de la energía con una mirada ambientalista, surgieron para el diseño del acuerdo inter-bloques nuevas exigencias hacia el MERCOSUR, algo que volvió a ralentizar las tratativas.
Tras otra compleja negociación, en la cumbre celebrada en la capital uruguaya en diciembre de 2024, se informó el arribo al acuerdo (no la rúbrica), para la asociación entre el MERCOSUR y la Unión Europea en un mercado potencial de alrededor de 800 millones de personas.
La comunicación oficial detalló que con el acuerdo se prevé otorgar al MERCOSUR una cuota de 99.000 toneladas para el ingreso de carne bovina al mercado europeo, así como una cuota de 60.000 toneladas para el arroz, esta última sin arancel intra-cuota, además de beneficios puntuales para tops de lana, miel, cebada y para el sector de cítricos.
La cancillería uruguaya se encargaba de aclarar que restaba la revisión legal del acuerdo, así como el proceso de traducción de los textos con miras a iniciar los procesos de aprobación internos de cada parte.
La firma en Asunción
En enero de este año, los Estados partes del MERCOSUR emitieron un comunicado conjunto tras la cumbre del bloque desarrollada en la capital paraguaya.
En su introducción, el documento expresa que “Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, anuncian con satisfacción la firma del Acuerdo de Asociación y del Acuerdo Interino de Comercio con la Unión Europea, un logro histórico que fortalece las relaciones comerciales, políticas y de cooperación entre ambas regiones”.
Más allá de la dimensión netamente comercial, el anuncio también dio cuenta de un horizonte de mayor colaboración en otros campos, al proyectar “mecanismos de cooperación en áreas estratégicas, contribuyendo al crecimiento económico y social de los países miembros”.
Un dato ineludible a remarcar, es que el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva no viajó a Asunción, en medio de las recicladas tensiones mercosurianas que ayer encarnaban Fernández y Bolsonaro y que hoy reeditan Milei y Lula, en cierta forma trocando posiciones en el espectro ideológico de los ciclos de gobierno argentino y brasileño.
Además, cabe recordar que el actual mandatario del país vecino ejerció la presidencia del bloque sudamericano hasta el 20 de diciembre del año pasado, durante un semestre en el que uno de sus ejes de Política Exterior estuvo abiertamente orientado a lograr la firma del acuerdo finalmente suscripto a comienzos de este año en Paraguay.
El cruce atlántico de intereses
La semana pasada, mientras en Argentina comenzaba a encaminarse el aval parlamentario a la asociación entre los bloques, en Europa, los agricultores repitieron y hasta endurecieron las protestas.
Por un lado, la Cámara de Diputados del Congreso argentino le dio media sanción al acuerdo con 203 votos positivos, 42 negativos y 4 abstenciones.
En general, durante los discursos a favor de la aprobación se hizo hincapié en los beneficios que podría acarrear para el aparato productivo nacional, la disminución progresiva de aranceles de entrada al mercado de la UE.
Desde el oficialismo, la diputada Juliana Santillán (La Libertad Avanza), destacó la dimensión del acuerdo y afirmó que a nivel demográfico y económico, se ubica “entre lo más relevante del sistema comercial internacional”.
La aprobación por amplio margen, ya vino impulsada de antemano desde un plenario de las comisiones de MERCOSUR y de Relaciones Exteriores y Culto, donde se habló de “un momento histórico”.
Pero el buen andar del acuerdo en la Cámara de Diputados de Argentina contrastó rápidamente con lo que ocurría en Madrid, cuando miles de agricultores españoles se manifestaron en contra de su puesta en práctica.
Para el movimiento de productores rurales españoles S.O.S. la comisión europea “pretende activar el acuerdo por la vía rápida usando el artículo 218 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, pero saltándose el voto del Parlamento Europeo y sin esperar al dictamen de la Justicia”.
A través de una plataforma, la organización junta firmas y reclama que “se abra un proceso de revisión profunda del acuerdo que incorpore cláusulas espejo reales, mecanismos de control eficaces y garantías plenas de reciprocidad”.
El estado del camino es bastante conocido, el proyecto de un entendimiento bi-regional para intensificar el intercambio comercial lleva décadas de diseño, en medio de tensiones dadas tanto a nivel intra como interbloques.
En ese laberinto, muchos de los anuncios realizados por gobiernos de diferentes países y períodos, fueron perdiendo efecto real al chocar con un escenario marcado por la coexistencia de intereses muy heterogéneos, un marco que conviene tener presente a la hora de ponderar cada una de las novedades dadas en torno al complejo proceso de ratificaciones que aún queda por recorrer.