¡Hola !Hoy quiero hablarles de un momento clave en la vida de toda mujer: la perimenopausia.
No se trata solamente del tiempo previo a que se retire el período: es una etapa crítica en la que el cuerpo cambia su orden interno y se reconfigura, por primera vez, el corazón queda más vulnerable.
Como cardiólogo, paso gran parte de mi día atendiendo corazones que ya tuvieron algún problema. Mi objetivo con este artículo es que cuando llegues a mi consultorio no sea por un susto o por un problema detectado tarde, sino como parte de un plan para que eso no ocurra.
El escudo que empieza a fallar
Durante años, las mujeres cuentan con una protección biológica natural: los estrógenos. Estas hormonas actúan como un escudo que mantiene elásticas las arterias, alto el colesterol “bueno” (HDL) y bajo el “malo” (LDL).
En la perimenopausia, ese escudo empieza a agrietarse. Los niveles de estrógeno fluctúan -suben y bajan como en una montaña rusa- antes de descender de manera definitiva. Es en ese momento cuando el riesgo cardiovascular de la mujer aumenta respecto de los años previos.
Señales que no siempre se ven (pero se sienten)
Solemos pensar que los problemas del corazón se manifiestan solo con “un dolor de pecho fuerte”. En la mujer, y especialmente en esta etapa, las señales pueden ser mucho más sutiles. Prestales atención, no las ignores:
- Palpitaciones o “vuelcos” en el corazón: son comunes por los cambios hormonales, pero conviene consultarlas si los latidos se sienten demasiado rápidos o fuera de ritmo.
- Fatiga extrema: sentirte agotada, sin razón clara, después de un esfuerzo que antes te resultaba normal.
- Dificultad para respirar: sentir que te falta el aire al subir una escalera o al hacer tareas que antes eran fáciles.
- Dolor atípico: malestar o presión en la espalda, el cuello, la mandíbula o el estómago.
- Mareos o sudor frío: mareos repentinos acompañados de una sudoración distinta a la de un sofoco común.
- Cambios en el sueño: el insomnio y los sudores nocturnos no solo afectan el ánimo, también elevan la presión arterial.
Qué cambia en el cuerpo durante esta etapa
En la perimenopausia, la grasa corporal tiende a desplazarse de las caderas hacia el abdomen. Esa grasa abdominal no es “pasiva”: produce sustancias inflamatorias que pueden dañar directamente las arterias.
Otros cambios importantes a tener en cuenta:
- Redistribución de la grasa corporal: el aumento de grasa abdominal incrementa la resistencia a la insulina y la inflamación del organismo, incluso si el peso corporal se mantiene estable.
- Cambios en el colesterol: suele observarse un aumento del colesterol LDL (“malo”) y de otra partícula llamada Lipoproteína(a), junto con una disminución del HDL (“bueno”), en coincidencia con la caída del estradiol.
- Rigidez de las arterias: la fluctuación de estrógenos reduce la capacidad de las arterias para relajarse y dilatarse, lo que aumenta su rigidez y puede elevar la presión arterial.
Del control a la acción diaria
- Conocé tus números: necesitás saber tu presión arterial (que suele subir en esta etapa), tu glucosa y tu colesterol al menos una vez al año. También es importante controlar el peso.
- El movimiento es medicina: no hace falta una rutina intensa. Con 30 minutos de caminata a paso firme, sumados a ejercicios de fuerza (pesas livianas o bandas elásticas), alcanza para que tus arterias sigan siendo elásticas.
- Cuidá lo que ponés en el plato: priorizá grasas saludables (palta, aceite de oliva, frutos secos) y reducí de forma marcada la sal y los azúcares procesados.
- No subestimes el estrés: el cortisol, la hormona del estrés, es uno de los principales enemigos del corazón en esta etapa. Priorizar el descanso no es opcional: dormir entre 7 y 8 horas ayuda a que tus arterias se reparen.
- Dedicate un tiempo a vos misma: al menos 15 minutos por día para desconectarte del estrés y respirar hondo. El yoga, la meditación o simplemente un rato para vos son herramientas de cuidado real, no un lujo.
Para conversar con tu ginecólogo/a
El corazón no funciona aislado del resto del cuerpo: en esta etapa, todo el sistema vascular se ve afectado por los cambios hormonales. Por eso, la consulta con tu ginecólogo/a es una buena oportunidad para hablar también de tu salud cardiovascular. Te sugiero tener en cuenta:
- Adelantarte, no esperar: si te diagnostican presión arterial alta por primera vez durante la perimenopausia, pedí un control de laboratorio completo y consultá si conviene sumar una evaluación cardiológica.
- Contar los síntomas atípicos: si sentís falta de aire, fatiga fuera de lo común o malestar en la boca del estómago, contáselo a tu ginecólogo/a: en la mujer, estos síntomas a veces reemplazan al dolor de pecho típico como señal de alerta cardíaca.
- No dejar de lado el sueño y la salud mental: la apnea del sueño (que puede aumentar por la caída de la progesterona) y la depresión son, por sí mismas, factores de riesgo cardiovascular importantes en esta etapa.
- Preguntar por la terapia hormonal (TH): la evidencia actual muestra que existe una “ventana de oportunidad”: si se inicia antes de los 60 años o dentro de los primeros 10 años desde el comienzo de la menopausia, la TH puede tener un efecto neutro o incluso beneficioso sobre el corazón. Para muchas mujeres puede ser una buena aliada si se indica en el momento adecuado.
Este es el momento ideal para apostar a la prevención. Si trabajamos en conjunto con tu ginecólogo/a de confianza, podemos cambiar la trayectoria de tu salud: pasar de tratar enfermedades ya instaladas a cuidar la salud de tus arterias a largo plazo.
La perimenopausia no es el principio del fin: es el momento de renegociar el contrato con tu salud. Tu corazón te acompañó fielmente durante décadas; ahora es el momento de cuidarlo con más intención que nunca.
¡Prevenir hoy es ganar años de vida con calidad mañana!
