Harry Díaz, un guardia de seguridad de Puerto Rico, relata una historia que parece salida de una película de ciencia ficción, pero que él asegura haber vivido desde los 10 años. En una entrevista exclusiva para Onda Paranormal, cuenta cómo un ser alto y delgado, con piel gris y tres dedos, se le apareció por detrás y le tocó el hombro. A partir de ese momento, su vida cambió para siempre.
Según Harry, la primera experiencia ocurrió en el patio de su casa en Bayamón Country. Lo más inquietante no fue solo el contacto físico, sino que una voz masculina le habló dentro de la cabeza: “No quemes la basura porque le hace daño a la capa de ozono”. En el mismo instante, una voz femenina intervino para tranquilizarlo y decirle que ese ser lo conocía. Harry quedó tan impactado que empezó a llorar, como si un vínculo profundo se hubiera activado.
El testigo asegura que no era una sola entidad: había dos seres, aunque él solo pudo ver a uno. Luego, mientras corría hacia su casa, el ser desapareció, pero volvió a aparecer frente a él “de la nada”, como materializado. Y lo peor estaba por venir.
Con el tiempo, Harry asegura haber visto otros encuentros en el mismo sector. En uno de ellos, cinco figuras semitransparentes se acercaron a una caseta y al notar que él los observaba, uno de ellos le lanzó un empujón físico. “Lo hizo para que yo supiera que no estaba imaginando”, explica. Ese momento quedó grabado en su memoria como el más real y aterrador de su vida.
Pero no todo se queda en los grises clásicos: Harry también describe seres con aspecto humano, con batas, que para él eran “demonios”. Asegura haberlos visto en su propia casa, y afirma que estas entidades “están al pendiente” de él desde entonces. Incluso cree que existe una relación entre todos estos contactos y que él está siendo observado continuamente.
Además, Harry comparte que en su trabajo como guardia ha capturado imágenes en visión nocturna donde aparece un rostro extraterrestre flotando a varios pies del suelo. En otra ocasión, vio una esfera luminosa enorme que iluminó toda el área y se movió como si “bajara en picada” y volviera a subir.
Su testimonio concluye con una frase inquietante: “No creo en casualidades. Ellos me siguen”. Y con ese mensaje, invita a quienes dudan a mirar el material que ha grabado.






















