La inseguridad en los sectores más alejados de la ciudad sumó un episodio de extrema violencia. Un refugio de perros de la calle, ubicado en un camino de tierra frente a la zona de Los Molinos, fue blanco de un asalto comando durante la noche del lunes. Los delincuentes, que actuaron con inteligencia previa, no solo buscaban recursos materiales, sino que pusieron en riesgo la vida del personal y de los animales.
Un ataque planificado
En diálogo con LT9, la referente del refugio, detalló la modalidad del robo: “Es una zona alejada y propicia para estos hechos. Eran cuatro personas; dos de ellas cortaron la luz desde el pilar de la entrada, dejando a todo el refugio a oscuras, mientras otros dos ingresaban armados”.
El establecimiento cuenta con custodia las 24 horas. Al momento del hecho, dos serenos se encontraban en el lugar y advirtieron movimientos extraños por el ladrido incesante de los perros. Al acercarse a la entrada, fueron interceptados y apuntados con armas de fuego.
Tensión y amenazas de muerte
El momento más dramático se vivió cuando los perros del refugio intentaron defender a los cuidadores. “Uno de los perros se les tiró encima para morderlos y le pegaron con una pala. Otra perra, que es más brava, agarró a uno de los delincuentes de la ropa y ahí amenazaron al sereno: ‘Sacanos la perra de encima porque te la matamos'”, relató Harber con angustia.
Ante la amenaza de muerte hacia los animales y el riesgo de vida de los trabajadores, los serenos no ofrecieron resistencia. “No les quedó otra que quedarse tranquilos y dejar que se lleven las bolsas de alimento que estaban afuera del depósito para la primera tanda de comida de la mañana”, explicó la referente.
Un botín que duele
Los delincuentes se llevaron ocho bolsas de alimento balanceado, un recurso vital que el refugio consigue con enorme esfuerzo y donaciones de la comunidad. Los asaltantes huyeron rápidamente en un auto que no pudo ser identificado debido a la oscuridad total tras el corte del suministro eléctrico.
“Se llevaron lo que pudieron y se fueron rápido porque los perros no paraban de ladrar”, concluyó Harber, quien lamentó que el trabajo solidario se vea empañado por hechos de violencia armada que dejan al personal y a los animales en un estado de total vulnerabilidad.
