Este artículo no es una defensa nacionalista del folklore frente a Halloween. Sólo mostrar que podemos conocer las tradiciones del mundo sin dejar de escuchar las voces de nuestra propia tierra. Frente al avance de la Noche de Brujas anglosajona, la cultura litoraleña planta bandera desde la transmisión oral, sus misterios locales y, fundamentalmente, desde su música. Porque en nuestra tierra, a los fantasmas se los camina y se los canta. Algunos ejemplos de ello:
La Siesta y el Monte: El escenario del terror rural
A diferencia del terror norteamericano —que siempre espera a la medianoche en casas abandonadas—, el miedo criollo es diurno, rural y psicológico. Nace en el silencio abrumador de la siesta o en la inmensidad del campo abierto por la noche. Los ‘monstruos’ de acá no buscan asustar por diversión; eran, en su origen, guardianes de la naturaleza o crudos límites morales dictados por los abuelos para proteger a los gurises.
Algunos mitos,leyendas o terrores que se han transmitido de generación en generación
El Lobizón y el Yasí Yateré
Antes de los licántropos del cine, el interior santafesino ya le temía al Lobizón, la maldición del séptimo hijo varón que los martes y viernes a la medianoche se transforma en un enorme perro negro y feroz. Un mito tan fuerte que dio origen a la Ley de Padrinazgo Presidencial para romper el supuesto ‘hechizo’. A plena luz del día, el peligro cambia de nombre: el Yasí Yateré, un duende rubio con sombrero de paja, camina los campos imitando el silbido de las aves para raptar a los niños que no duermen la siesta.
La Banda Sonora del Espanto: Cuando el mito se hace canción
Las leyendas criollas no murieron porque la música folclórica funcionó como su gran archivo de preservación:
El Carau (El dolor convertido en ave)
Cuenta la historia de un joven que prefirió quedarse bailando en una peña antes que asistir a su madre agonizante (‘Hay tiempo para llorar, ya habrá tiempo para morir, hoy quiero bailar’, respondió). Como castigo, fue transformado en un ave negra de luto que llora en los esteros. El chamamé trágico ‘El Carau’ (popularizado por Don Tránsito Cocomarola y Ramona Galarza) relata explícitamente el peso de esa culpa filial.
El Kakuy (El grito del monte)
La leyenda norteña de la hermana cruel que fue abandonada en lo alto de un árbol por su hermano cansado de los maltratos. El frío de la noche la convirtió en un pájaro nocturno que clama en quechua: ‘¡Turay! ¡Turay!’ (¡Hermano!). La desgarradora chacarera ‘La del Kakuy’, de Jacinto Piedra e interpretada por Peteco Carabajal o Mercedes Sosa, le da voz a ese dolor: ‘Kakuy se llama el ave que en el monte llora… por ser mala hermana’.
El Pombero
El primero, el celoso dueño enano, vengador, de malos tratos o caràcter, velludo del monte guaraní al que los paisanos le dejan tabaco y caña en el patio (retratado con misterio por Teresa Parodi o el Chango Spasiuk).
La Luz Mala
La Luz Mala es una de las leyendas más potentes del folklore rural argentino y tiene algo especial: no necesita monstruos, colmillos ni disfraces. Alcanza con una luz que aparece de noche, a ras del suelo, en medio de un campo oscuro, donde no debería haber nada.
En algunos relatos, la Luz Mala es el alma de una persona que murió y no encontró descanso, especialmente si fue enterrada sin los ritos religiosos correspondientes. Esa alma aparecería para pedir una oración o para que alguien la ayude a descansar en paz. En otras versiones, la luz señala un entierro o un tesoro oculto: monedas, oro o plata que alguien escondió antes de morir y cuyo secreto se llevó a la tumba. Pero acercarse o intentar cavar podía ser peligroso. La luz también podía interpretarse como un anuncio de desgracia o de muerte.
Lo interesante es que no hay una única Luz Mala. Hay relatos que la describen azulada, otros amarillenta, rojiza o verdosa. En algunas historias permanece quieta; en otras parece desplazarse por el campo o acompañar al viajero desde lejos.
La explicación detrás del misterio
Con el tiempo también aparecieron explicaciones naturales. Se la relaciona con los llamados fuegos fatuos y con fenómenos de luminiscencia vinculados a la descomposición de materia orgánica, restos animales y ciertos gases. Pero conviene no afirmar que todas las luces observadas tienen una única explicación científica: lo interesante es cómo un fenómeno difícil de comprender fue tomando forma de leyenda. Y hay un dato literario precioso para sumar: la Luz Mala ya estaba presente en nuestra literatura gauchesca en el siglo XIX. José Hernández la incluyó en El gaucho Martín Fierro, publicado en 1872. Allí aparece asociada al alma de un hombre que habría sido enterrado sin recibir sepultura cristiana. Es decir, no estamos hablando de una leyenda recién inventada ni de una moda: forma parte de una tradición narrativa que lleva muchísimo tiempo entre nosotros.
Misterios de Asfalto: Las leyendas urbanas de la Ciudad de Santa Fe
Donde el miedo no solo habita en el monte. Quienes caminan las calles de la capital provincial saben perfectamente que el asfalto santafesino tiene sus propios espectros coloniales y mitos urbanos que resisten el paso del tiempo que se te aparecen en una curva allá por el Norte santafesino, de madrugada, o una mujer de pelo largo que te mira al pasar a 110 km por hora al costado de la ruta.
El fantasma del Teatro Municipal 1° de Mayo
Es el mito urbano por excelencia de la ciudad. Trabajadores, técnicos y artistas locales aseguran que, cuando las luces de la mítica sala mayor se apagan, se escuchan pasos en los pasillos superiores y crujidos en los palcos vacíos. La leyenda habla de una silueta femenina, vestida de época, que suele observarse desde el escenario o flotando cerca de las bambalinas superiores.
La hamaca de la Escuela Normal
Durante décadas, las escuelas del casco histórico santafesino han acumulado historias de túneles jesuitas y sótanos clausurados. Sin embargo, una de las creencias más compartidas por generaciones de estudiantes de la Escuela Normal General San Martín es la de los patios internos durante la noche: cuidadores y vecinos han reportado el sutil balanceo de hamacas y juegos en el silencio de la madrugada, completamente solos y sin una gota de viento. Espero no se asusten los y las estudiantes actuales de la querida escuela.
La dama de blanco del Cementerio Municipal
Compartido con otras grandes urbes pero con un fuerte arraigo en los pasillos de las secciones más antiguas de Barranquitas. Historias de taxistas que aseguran haber subido a una joven silenciosa en las inmediaciones de la Avenida Blas Parera de madrugada, vistiendo un solero claro, pidiendo bajar exactamente frente a las puertas de la necrópolis antes de desvanecerse sin dejar rastro. Una noche de visita guiada nocturna, bien nos metió cuiqui (como se decía antes) el guía que contaba de amores trágicos e imposibles, de amantes ocultos que ya se encontraban del otro lado y veces se veían pasar entre los mausoleos santafesinos.
Para terminar, recuerdo que mi abuela Adela Beatriz Reggiardo que vivía en el campo, nos contaba de chicos a la luz de una vela (para hacerlo más teatral, dramático y creíble) hermosa contadora de historias como lo era ella, que en el campo, en el galpón donde guardaban apiladas las botellas de vidrio, se escuchaban algunas fantasmagóricas noches, un estruendo taladrando los oídos, como si se cayeran las miles de botellas de vidrio, y que su papá se levantaba iba a ver el galpón y las botella estaban perfectamente acomodadas.
Conclusión fantasmal: El valor de temblar con lo nuestro
Mientras las tradiciones globales uniforman el miedo bajo una misma estética comercial de cotillón, Santa Fe y el Litoral resisten recordando sus propios misterios. Cada vez que suena una melodía folclórica en la radio o que un vecino del sur de la ciudad, o un paisano del campo, baja la voz para contar una vieja historia de aparecidos, nuestra identidad se vuelve a encender. Este noviembre, antes de buscar dulces o prender una vela en una calabaza plástica, quizás valga la pena afilar el oído: los verdaderos escalofríos bajan del monte, están en esas casas abandonadas de barrio sur, o caminan por los pasillos de nuestros propios teatros históricos, o se encienden en el campo de noche, andando de a pié o a caballo.
No es una cosa en detrimento de la otra. es conocer aquello y esto, para mantener vivas nuestras tradiciones que nos hacer ser quienes somos.
EMILCE PAIS
Bailarina, actriz, cantante, productora cultural, docente, cronista de lt9.
Conductora de #LAPARIENTA streaming
Micro de folklore en LT 9 en “Que temprano que arrancaste”





















