En medio de las transmisiones especiales de LT9 por los 23 años de la catástrofe hídrica de 2003, Daniel “Scooby” Scandolo rescató del olvido una de las hazañas más grandes del personal de la emisora. El histórico trabajador detalló cómo el equipo técnico defendió la señal radial a pesar de que la planta transmisora, ubicada en la vecina localidad de Recreo, quedó rodeada y colapsada por el avance salvaje del río Salado.
Vivir en una canoa para salvar el aire
“Ayer en Recreo se inunda un día antes”, detalló Scandolo, haciendo referencia a que el 28 de abril el agua ya golpeaba los portones de la planta. Con la casa levantada unos 60 centímetros sobre el suelo, a las siete de la tarde de ese día el agua ya cubría la galería. El peligro era extremo. “Nos llevaron palos, arena y levantamos lo que eran los transmisores de la radio. Levantamos también una casilla donde estaban los 380 volts, cosa que no toque el agua. Tocaba el agua y volaba todo”, rememoró graficando el riesgo de muerte que asumieron.
La odisea técnica para evitar el silencio de la radio rozó lo épico: cuando la transmisión amenazó con cortarse, los operarios cargaron las herramientas en una carretilla y avanzaron flotando con el agua al cuello hasta la base de la antena, ubicada a 50 metros del edificio. Trabajando sumergidos, dieron vuelta los chisperos y reacondicionaron los equipos para devolver la histórica señal de AM 1150 al aire.
Un mes sin ver a la familia
El compromiso con el rol social de la radio fue absoluto y de entrega total. “Yo estuve desde el 28 un mes sin ver a mi familia. Me quedé allá en la planta”, confesó Scandolo. Mientras él resistía de guardia, a su esposa y a su pequeña hija de tres años las evacuaron en un camión del Ejército.
La vida cotidiana en la planta transmisora se transformó por completo. Scandolo relató que resguardó a sus animales arriba de un placard y que, junto a sus compañeros, dormían sobre un colchón dentro de una canoa. “Salíamos con la canoa al pueblo a buscar algo para comer y volvíamos en la canoa. Todo inundado”, describió.
El único nexo con la desesperación
La férrea voluntad de no apagar los transmisores cobró un valor incalculable en las jornadas posteriores. En tiempos donde no existían las redes sociales ni la mensajería instantánea masiva, la radio se transformó en el puente de auxilio de toda la región.
Mientras las familias se trepaban a los techos, las líneas de la radio colapsaban con pedidos desesperados de comida para los centros de evacuados o medicamentos urgentes. Además, la histórica sede de 4 de enero 2153 se convirtió en un búnker de contención donde el personal administrativo, publicistas y periodistas recibían a la multitud que buscaba desesperadamente rastrear a sus seres queridos en extensas listas de personas ubicadas en refugios.
