Se lo extraña todos los 20 de julio. Cada año, para esa fecha, Ángel Meynet tenía preparadas sus diapositivas y sus charlas.
La pasión que ponía en sus exposiciones le devolvió lo que busca todo divulgador en cualquiera de las disciplinas: asombro y atracción por el conocimiento por parte de sus incontables auditorios.
La entrevista para LT9 fue concedida en julio de 1995 cuando se cumplían 26 años de aquella proeza. En este 2026 ya se cumplieron 57 años de un hecho extraordinario para el siglo XX; nada menos que la llegada del hombre a la luna. Hoy, la recuperación del archivo, nos aproxima nuevamente a aquel momento cumbre de 1969.
Ángel, usted ha vivido muy de cerca el motivo que ha llevado a que hoy se conmemore el Día del Amigo ¿cómo lo vive?
Bueno, sí. Hace 26 años, a esta hora, estábamos en el Centro Espacial de Cabo Kennedy, ahí esperando ver por televisión el descenso de un astronauta al suelo de la superficie de la luna.
¿Cómo fueron los tres días previos al alunizaje?
Bueno, yo llegué allí el 10 de julio. El 16 fue el lanzamiento, miércoles 16. Y en los días previos, para qué decirle, ahí entrevistamos a astronautas, a algunos científicos, todo era una maravilla, ¿no? Se llamó Apolo a todo el proyecto, se lo llamó así por lo grandioso, el salto desde la tierra a la luna. Los elementos que hay en el Centro Espacial Kennedy, sería largo de describir, lo voy a hacer mejor esta noche en una charla en el CODE.
Pero los tres días anteriores y los posteriores, fue fantástico en el Centro Espacial. Ya conoce la gente lo que ocurrió el domingo 20 de julio por la noche. En hora argentina, un ratito antes de las 12 de la noche, un hombre comenzó a caminar por el suelo de la luna.
En estos 26 años, ¿usted no deja de sorprenderse por el logro de la humanidad?
Claro, efectivamente, cuando me pongo a pensar en los días en que se lanzó el primer satélite del mundo, yo tenía 24 años, está lo interesante de esta parte, yo le hablo en primera persona de mi vida, uno no fue ni muy pequeño ni muy viejo. En aquellos días, estábamos en plena lucidez. Yo cumplí, casualmente los 35 años en el Centro Espacial, en los días de la llegada del hombre a la luna. Así que estábamos bien lúcidos para medir cómo era el mundo antes y después del acontecimiento.
Cuando Armstrong tocó suelo lunar, comenzaba una nueva era, el mundo ya no fue como antes, ¿sabe por qué no fue como antes? Porque ya ese satélite de la tierra, la luna, inalcanzable, de un enamorado o de los poetas, ya al fin, el hombre la había tocado con la mano.
¿De qué manera se puede dimensionar lo que significó en su momento? ¿Qué veía a su alrededor?
Estábamos en un lugar en el Centro Espacial donde disponíamos de unas cuatro pantallas de televisión, una de ellas reflejando constantemente la superficie de la luna y esperando que Armstrong descienda, y los otros tres en los domicilios de cada uno de los astronautas, mostrando cómo estaba esa familia, los papás, los hijos, todos eran muchachos jóvenes de 36, 38 años los astronautas, con hijos pequeños, cuatro chicos cada uno.
Había que ver las expresiones, bueno, de los familiares primero, o de la gente en el Centro Espacial. Cuando Armstrong tocó el suelo lunar, hay expresiones rápidas, pantallazos de segundos, como la del científico Von Braun, el mentor del cohete Saturno V, de la gente, del mundo, las sirenas.
Salimos después de ese acontecimiento, a la media hora de la caminata lunar, y el mundo era, bueno, llorando mucha gente, sonriendo otros, pero generalmente con ojos vidriosos, diría yo, como estaba yo también, porque no, me había contagiado, diría yo. Ya veía la luna yo en el horizonte, hay un hombre caminando, me parecía mentira.
Entonces inmediatamente desfiló por mi cerebro aquella aventura de Julio Verne, si yo me entusiasmé algún día por la astronomía de niño, iba en segundo grado, fue por Julio Verne.
¿A qué hora de la Argentina se dio el alunizaje?
Bueno, fue a las 23.50, un poquito después habría sido el día 21. En el hemisferio sur la luna se había puesto en realidad un rato antes. Pero en Estados Unidos, una horita y pico antes del alunizaje, ahí la veía descender en el horizonte oeste y estaba límpido el cielo. No se eligió la luna llena para ir. De haber sido así, los astronautas hubieran tenido un sol tremendo de mediodía, hubieran recalentado los instrumentos y a ellos mismos. Cuando llegaron, era como cuando nosotros tenemos el sol que está bajando en el horizonte, bien bajito ahí, que se ven las sombras alargadas. Así fue.
¿Cuáles fueron los temores que hubo que vencer para este gran paso?
Mire, desde el lanzamiento mismo, cuando la cuenta regresiva llegó a cero el día 16, ahora que han pasado tantas cosas en estos días, pensaba yo, ¿y si hubiese sucedido lo del Challenger?
Desde el momento que salen, ya comienzan los problemas. Se va a un mundo donde uno no fue nunca antes. Y hasta que el día 24, no llegaron al océano Atlántico, hasta ese día, hasta que no los recogió el helicóptero, había tensión.
¿Se descartaba cualquier tipo de sorpresas en torno a la luna?
Desde los días de Galileo Galilei, de Newton, sabíamos cuál era la masa, la gravedad, como era la luna, con sus aspectos generales químicos y físicos. Eso es lo que me asombra de la ciencia astronómica. Sin movernos de aquí sabíamos la distancia exacta al metro, que íbamos a pesar seis veces menos, esas constantes lunares, las sabíamos desde tres siglos antes. Por eso bien dijo un astronauta: nosotros llegamos, pero otros nos abrieron el camino hace tres siglos.
¿Le cambió su vida esta experiencia?
Mire, cada vez que llega julio, ya comienzo a ordenar algunas diapositivas, digo; el 20 tengo que darle una charlita, y aunque me quisiera escapar un poco entre comillas, siempre están los requerimientos. Entonces ahí tengo arriba de la mesa, unas diapositivas para esta noche, en el salón de actos del CODE, aquí en la costanera. Les voy a mostrar, este Saturno V totalmente desarmable, lo voy a armar parte por parte, para que la gente vea cómo fue esa historia, y les voy a mostrar las diapositivas que están intactas de aquellos días, con los astronautas.
Así finalizaba aquella entrevista a Ángel Meynet, quien falleció en el año 2015. Abrir el archivo con su testimonio en este mes de julio, nos lleva a 1969 y al Centro Espacial Kennedy mediante la mirada de un santafesino que fue testigo de una proeza.
Recuperar su relato revive la hazaña de una verdadera carrera espacial, pero también revaloriza el legado de este gran divulgador, cuya huella puede apreciarse en el trascendente rol que hoy tiene el CODE en Santa Fe, como continuador de la promoción del conocimiento de la astronomía.
