La economía argentina volvió a entregar esta semana dos fotografías que ayudan a entender el momento que atraviesa el país. Por un lado, el mejor dato económico de la gestión de Javier Milei: el superávit de la balanza comercial. Por otro, una señal que merece atención: los salarios, en promedio, ya no pierden contra la inflación, aunque con diferencias importantes según el tipo de empleo.
Si hay una variable que históricamente condicionó el desarrollo argentino, esa fue la disponibilidad de dólares. Sin divisas genuinas, la Argentina termina, tarde o temprano, enfrentando restricciones cambiarias, cepos y crisis recurrentes.
En ese sentido, el saldo comercial positivo del primer semestre es una noticia de enorme relevancia. La Argentina exportó mucho más de lo que importó y se encamina a cerrar el año con un superávit cercano a los 25.000 millones de dólares.
Detrás de ese resultado aparece un protagonista central: Vaca Muerta. El complejo energético ya genera exportaciones por unos 1.500 millones de dólares mensuales y las proyecciones indican que podría superar los 4.000 millones mensuales en los próximos años.
Sin embargo, sería un error pensar que toda la mejora se explica únicamente por el sector energético.
Al analizar el desagregado de las exportaciones, el principal rubro continúa siendo el de las manufacturas de origen agropecuario. Allí aparecen productos como aceites, harinas y alimentos procesados. Es decir, la tradicional capacidad productiva del campo argentino, pero incorporando valor agregado y empleo industrial.
También se destacan las manufacturas de origen industrial, impulsadas en parte por las exportaciones de camionetas hacia Brasil, que atraviesan niveles históricamente elevados.
A esto se suma el reciente anuncio de Pampa Energía sobre la construcción de una planta de urea granulada en Bahía Blanca. El dato no es menor: la Argentina importa actualmente ese insumo clave para el agro. El proyecto permitirá sustituir importaciones y, eventualmente, abrir una nueva ventana exportadora utilizando gas de Vaca Muerta como materia prima.
Naturalmente, el debate económico no termina con la llegada de los dólares. Por el contrario, comienza uno nuevo: qué hacer con ellos.
El país deberá discutir el tipo de cambio, la competitividad de los sectores que aún no logran despegar y la manera en que esta mejora en la generación de divisas puede extenderse hacia el resto de la economía.
En paralelo, otra variable comenzó a mostrar cierta estabilidad. El índice salarial registró, por tercer mes consecutivo, una evolución similar a la inflación. En términos generales, los ingresos dejaron de perder terreno.
Sin embargo, al profundizar en los números aparecen diferencias significativas.
Los trabajadores informales fueron quienes más recuperaron capacidad adquisitiva durante el trimestre, superando a la inflación por algunos puntos. Los empleados registrados, en tanto, apenas lograron empatarla, mientras que el sector público continúa mostrando un desempeño inferior.
El fenómeno ofrece una radiografía de la Argentina actual. Quienes trabajan en la informalidad recuperan ingresos más rápidamente, aunque al costo de permanecer fuera del sistema: sin aportes, sin acceso al crédito y con mayores niveles de vulnerabilidad.
También es necesario recordar que una parte importante del empleo informal está integrada por trabajadores que perdieron puestos registrados y encontraron en actividades independientes o de plataformas digitales una alternativa para sostener sus ingresos.
La pregunta inevitable es si la reforma laboral impulsada por el Gobierno tendrá impacto sobre estos indicadores. Hasta el momento, los datos no muestran una mejora significativa en la generación de empleo formal, aunque todavía resulta prematuro realizar conclusiones definitivas.
Esta semana se conocerán además los datos del EMAE correspondientes a mayo, lo que permitirá comenzar a delinear con mayor precisión el desempeño de la economía durante el segundo trimestre del año.
Las tendencias, en principio, parecen consolidadas: energía, minería y agro continúan liderando la recuperación, mientras otros sectores permanecen rezagados.
La economía argentina, en definitiva, sigue mostrando dos velocidades. Hay sectores que atraviesan un momento excepcional y otros que aún esperan señales de recuperación.
La diferencia respecto de otros momentos históricos es que, esta vez, el país parece haber comenzado a resolver una de sus limitaciones más persistentes: la generación de dólares genuinos.
Y en la Argentina, eso nunca es un dato menor.
