El cáncer de mama es el más frecuente entre las mujeres y la detección temprana resulta determinante para mejorar las posibilidades de tratamiento y recuperación.
En el marco del Mes de Concientización sobre el Cáncer de Mama, la ginecóloga infantojuvenil y sexóloga Florencia Pieroni visitó los estudios de LT9 y abordó los principales aspectos de la enfermedad: los factores de riesgo, los controles médicos, las señales de alerta y los desafíos que enfrentan las pacientes durante y después del tratamiento.
Durante la entrevista, la especialista remarcó que la concientización no debe limitarse a octubre, sino traducirse en cuidados sostenidos durante todo el año. En ese sentido, sostuvo que la detección temprana es clave y señaló que, de acuerdo con los datos que compartió, entre el 90% y el 95% de los casos diagnosticados a tiempo pueden curarse.
Factores de riesgo y controles: cuándo realizar los estudios
En relación con los factores de riesgo, Pieroni diferenció aquellos que no pueden modificarse, como la edad, determinadas mutaciones genéticas, los antecedentes familiares y la exposición previa a radioterapia en el tórax, de otros vinculados con los hábitos de vida, como el sobrepeso, el sedentarismo y el consumo de tabaco y alcohol.
La evaluación de los antecedentes familiares, explicó, requiere conocer no solo quién tuvo la enfermedad, sino también a qué edad recibió el diagnóstico. La aparición de casos a edades tempranas es un dato relevante para definir la estrategia de seguimiento y determinar si corresponde iniciar los controles antes de la edad recomendada para la población general. También recordó que el cáncer de mama puede afectar a los hombres.
En cuanto a los estudios, la recomendación general que mencionó es realizar una mamografía anual a partir de los 40 años, complementada con una ecografía mamaria según la evaluación médica. En personas con antecedentes familiares relevantes u otros factores de riesgo, los controles pueden comenzar antes, de acuerdo con el criterio profesional.
La especialista destacó que los estudios por imágenes permiten identificar lesiones que todavía no pueden palparse. Por eso, advirtió que no es necesario esperar a detectar un bulto para consultar y remarcó la importancia de sostener los controles periódicos, incluso cuando no existen síntomas.
El autoexamen mamario también puede contribuir a reconocer cambios en el cuerpo. Pieroni recomendó realizarlo una vez al mes: en quienes menstrúan, después de la menstruación; y en las mujeres que ya atravesaron la menopausia, en una fecha fija que permita mantener la regularidad. Esta práctica, aclaró, no reemplaza la consulta médica ni los estudios indicados.
Además, aconsejó realizar el seguimiento en un centro de salud de confianza, donde los profesionales puedan consultar los antecedentes y comparar los estudios anteriores con los nuevos. Esa continuidad permite evaluar la evolución de cada paciente y advertir modificaciones que requieran una revisión.
Señales de alerta y cambios que requieren una consulta
La presencia de un nódulo no es la única señal que debe motivar una consulta. Entre los cambios a los que se debe prestar atención, Pieroni mencionó las alteraciones en la piel de la mama, los hundimientos, las modificaciones en la textura, la descamación del pezón, los cambios en los límites de la areola y las secreciones por el pezón, que pueden ser transparentes, blanquecinas o sanguinolentas.
Ante cualquiera de estas manifestaciones, recomendó consultar con un profesional para determinar su causa y establecer qué estudios son necesarios. La aparición de un cambio no significa necesariamente que exista un cáncer, pero sí requiere una evaluación médica.
La especialista también se refirió a los diagnósticos en mujeres jóvenes. Si bien las células pueden tener una mayor velocidad de replicación en edades tempranas, aclaró que la edad por sí sola no determina el pronóstico: la etapa en la que se detecta la enfermedad y las características de cada tumor son factores fundamentales para definir el tratamiento y las posibilidades de recuperación.
El impacto del diagnóstico y la importancia del acompañamiento
Recibir un diagnóstico de cáncer de mama implica un proceso que no es únicamente físico. Durante la entrevista, Pieroni hizo hincapié en el impacto emocional que atraviesan las pacientes y en la importancia de contar con una red de acompañamiento durante las consultas, el tratamiento y la recuperación. Sin embargo, reconoció que no todas las mujeres disponen de ese apoyo.
Frente al miedo y la incertidumbre que puede generar la noticia, la médica insistió en la importancia de avanzar con las evaluaciones y los tratamientos indicados, sin postergar los estudios por temor a un posible resultado. En ese sentido, resumió su planteo con una frase: “No nos preocupemos, ocupémonos”.
La especialista también señaló que un diagnóstico no significa que la vida cotidiana termine. Muchas mujeres completan sus tratamientos, se recuperan y retoman sus actividades. Algunas, incluso, describen esa experiencia como un punto de inflexión y el comienzo de una nueva etapa.
La recuperación, de todos modos, no implica abandonar los controles. Según explicó, el seguimiento puede ser más frecuente durante los primeros años posteriores al tratamiento -por ejemplo, cada cuatro o seis meses- y luego pasar a controles anuales, de acuerdo con la evolución de cada paciente y las indicaciones médicas. En determinados casos, además, se mantiene la medicación durante varios años. Como la enfermedad puede reaparecer en la misma mama o afectar la otra, la continuidad de la atención resulta fundamental.
En paralelo, Pieroni destacó el valor de sostener hábitos saludables, con una alimentación equilibrada, descanso adecuado y actividad física regular, especialmente ejercicios de fortalecimiento muscular. También señaló la importancia de evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol como parte del cuidado integral de la salud.
La importancia de hablar sobre el cuerpo desde edades tempranas
Hacia el final de la entrevista, la ginecóloga puso el foco en la educación y el acompañamiento durante el desarrollo. En este sentido, explicó que la consulta ginecológica antes de la primera menstruación puede ser una oportunidad para que las niñas conozcan los cambios que experimentará su cuerpo, despejen dudas y reciban información adecuada para cada etapa.
En ese proceso, consideró fundamental que las familias promuevan el diálogo y construyan un vínculo de confianza que permita hablar sobre la salud sin vergüenza ni temor.
El mensaje que atravesó la conversación fue la necesidad de sostener el cuidado más allá de las campañas de concientización: conocer los antecedentes, realizar los controles indicados, consultar ante cambios y mantener el seguimiento médico son acciones que forman parte de una atención continua, tanto para la detección temprana como para el acompañamiento después de un diagnóstico.
