La polemología es el estudio de la guerra como manifestación del sistema mundo, pero en la producción de investigaciones sobre relaciones internacionales, existen pocos trabajos encarados desde ese enfoque.
Uno de esos textos fue producido por el argentino Ángel Tello (1947-2022), quien en su tesis doctoral sostuvo que “el conflicto no tiende a desaparecer (en la historia de la humanidad) sino que se reproduce bajo nuevas formas y contenidos”.
Sobre la guerra, el especialista en temas de seguridad internacional, propuso a la teoría del caos como marco para analizar y observar los grandes conflictos, desde los cuales, una vez establecidas las condiciones iniciales, “las trayectorias ulteriores pueden separarse en diferentes cursos, más en términos de incertidumbre, que en escenarios cerrados”.
El aporte teórico del recordado internacionalista, encaja con asombrosa exactitud ante la crónica que presentaron los sucesos de Medio Oriente y su procesamiento en las principales mesas decisorias de los últimos días.
Basta con recordar dos hechos puntuales:
El sábado 21 de marzo, Irán lanzó misiles contra la isla Diego García, una formación en el océano Índico donde se encuentra una base militar conjunta del Reino Unido y Estados Unidos.
Si bien los misiles no llegaron a impactar en la isla, que ésta haya sido apuntada como objetivo militar, puso en alarma a la Unión Europea ante el temor de una capacidad de trayectoria de los misiles iraníes muy superior a lo estimado.
Antes de este ataque fallido, Donald Trump cruzó a la OTAN y a sus países miembros acusándolos de “cobardes” por no definir una acción militar para el desbloqueo de Ormuz.
Pero luego de que se tuvo noticia del intento de Irán, la reticencia de la organización atlántica viró automáticamente al reconocimiento de un “plan” para liberar el estratégico paso, por donde debe circular petróleo, gas natural, y fertilizantes.
El segundo punto clave fue la declaración del presidente estadounidense sobre el emplazamiento de cinco días a Irán para dar lugar a contactos orientados a frenar o poner fin a las hostilidades.
Si bien esa presunta vía de intercambio no fue abiertamente reconocida por el régimen iraní, los mercados reaccionaron el lunes último con una expectativa casi compatible con la de una oportunidad de resolución del conflicto.
Sin embargo, la cautela, y especialmente la incertidumbre, son los dos rasgos que siguen marcando el desarrollo de los acontecimientos, a punto de cumplirse el primer mes del inicio de lo que algunos ya denominan como la “tercera guerra del Golfo”.
Entre las pocas certezas, una muy incómoda: la ONU, a pesar de sus mejores oficios, sigue apareciendo como relatora, en un complejo escenario en el que los efectos de sus denuncias sobre costos humanitarios, no llegan a conmover a los actores con capacidad real de revertir la sucesión de hostilidades.
Por ahora, lejos de desaparecer, las tensiones se reconfiguran en la misma dinámica impredecible contemplada en la citada teoría del caos, y el pronóstico de corto, mediano y largo plazo, depende de factores que van más allá de la distancia existente entre las costas de Ormuz, y permanece más atado al inexpugnable pensamiento de los principales actores del proceso de toma de decisiones.





















