Jorge Luis Borges: la literatura como universo
Jorge Luis Borges (1899-1986) nació en Palermo, Buenos Aires, el 24 de agosto de 1899. Desde sus primeros años estuvo rodeado de libros, idiomas y literatura. Durante su adolescencia vivió en Europa, una experiencia que amplió sus horizontes intelectuales y lo puso en contacto con diferentes movimientos artísticos y literarios.
Al regresar a la Argentina, comenzó a publicar poemas, ensayos y relatos. Con el paso de los años construyó una obra inconfundible, atravesada por algunas de las grandes preguntas de la existencia: el tiempo, los sueños, la memoria, los laberintos, el infinito, los espejos y la identidad.
Su literatura convirtió lo cotidiano en una puerta hacia lo desconocido. En sus cuentos y poemas aparecen bibliotecas infinitas, mundos imaginarios, personajes atrapados en el tiempo y preguntas que parecen no tener una respuesta definitiva.
Entre sus libros más célebres se encuentran Ficciones, El Aleph, Historia universal de la infamia y El libro de arena. A esa producción se suman una extensa obra poética y numerosos ensayos.
En 1955 asumió como director de la Biblioteca Nacional, institución que condujo durante casi dos décadas. Ese mismo año perdió prácticamente la visión, aunque la ceguera no consiguió detener su producción literaria: continuó creando mediante la escritura y el dictado de sus textos.
A lo largo de su trayectoria recibió numerosos reconocimientos internacionales y fue considerado durante décadas como uno de los grandes candidatos al Premio Nobel de Literatura, distinción que finalmente nunca obtuvo.
Borges murió en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986, a los 86 años.
En pocas palabras: Borges llevó la literatura argentina hacia una dimensión universal, utilizando cuentos, poemas y ensayos para explorar algunos de los interrogantes más profundos sobre el tiempo, la realidad y la existencia.
Alberto “El Negro” Olmedo: el hombre que convirtió la risa en un fenómeno popular
Alberto “El Negro” Olmedo (1933-1988) nació en Rosario, Santa Fe, el 24 de agosto de 1933. Su recorrido artístico comenzó en la radio y posteriormente dio el salto a la televisión, donde construiría una carrera marcada por personajes inolvidables y un estilo basado en la improvisación.
Su enorme popularidad llegó de la mano de figuras como Rogelio Roldán, Rucucu, el Capitán Piluso y el Manosanta. Cada uno tenía una personalidad diferente, pero todos compartían la capacidad de Olmedo para combinar el absurdo, la espontaneidad, la picardía y la observación de la vida cotidiana.
También desarrolló una extensa carrera cinematográfica y teatral, especialmente junto a Jorge Porcel, con quien protagonizó numerosas películas que se convirtieron en parte de la cultura popular argentina.
Olmedo consiguió algo poco frecuente: que sus personajes trascendieran la pantalla y se incorporaran al lenguaje cotidiano de varias generaciones. Su humor podía ser absurdo, irreverente y desprolijo, pero detrás de esa apariencia existía una enorme capacidad para interpretar los códigos sociales de su época.
Murió el 5 de marzo de 1988 en Mar del Plata, a los 54 años, tras caer desde el balcón de un edificio.
En pocas palabras: El Negro Olmedo se convirtió en uno de los grandes símbolos del humor argentino y dejó personajes que continúan vigentes décadas después de su muerte.
Dos argentinos nacieron un 24 de agosto.
Jorge Luis Borges fue, sin dudas, uno de los escritores de lengua castellana más importantes del siglo XX. Críptico, elevado, erudito, hizo de las palabras un juego y de la literatura una forma de acercarse —lo más que podía acercarse un hombre— al conocimiento universal. Sus laberintos, sus espejos y sus infinitos parecían querer descifrar los secretos del mundo.
Ese mismo día nació Alberto “El Negro” Olmedo, acaso el humorista de mayor éxito popular de nuestra historia. Con registros televisivos que llegaron a rozar los 45 puntos de rating, fue el más popular de los grandes capocómicos que dio este país. Su escenario no fueron los laberintos de la filosofía, sino la calle, la picardía, el absurdo y la risa. Curiosamente, uno de sus personajes mas recordados, fue el de “Álvarez” en “Álvarez y Borges” con Javier Portales
Uno buscó el infinito entre las palabras. El otro encontró la eternidad en una carcajada.
Borges y Olmedo. El culto y lo popular. El laberinto y la calle. La erudición y la picardía. Dos formas aparentemente opuestas de ser argentinos. Porque quizás Argentina sea, justamente, todo eso: un país capaz de buscar el sentido del universo y, al mismo tiempo, reírse de él.





















