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Economía

Vaca Muerta y el superávit comercial: las fortalezas y las alertas de la economía argentina

La balanza comercial es una de las variables que mejor está funcionando en la economía argentina, impulsada por el crecimiento de Vaca Muerta y las exportaciones. Sin embargo, la caída de las importaciones productivas enciende una señal de alerta: el desafío es convertir los dólares que ingresan en inversión, producción y crecimiento sostenido.

vaca muerta

Si tengo que elegir la variable económica que mejor está funcionando en el Gobierno de Javier Milei, elijo la balanza comercial. Hay razones vinculadas con la política económica, pero también circunstancias que no dependen directamente de la gestión. Lo cierto es que los números del comercio exterior muestran un resultado importante y constituyen una de las bases sobre las que la Argentina puede construir una economía más sólida.

Para pensar en un país que crezca durante los próximos diez o veinte años, mi teoría es que necesitamos, como mínimo, dos décadas consecutivas de superávits gemelos. Esto significa sostener un superávit fiscal -al menos primario, es decir, que los ingresos superen los gastos antes del pago de intereses de la deuda- y un superávit comercial, con exportaciones superiores a las importaciones.

Las dos condiciones se están dando. Eso no soluciona todos los problemas de la economía argentina, ni mucho menos, pero permite construir una base. Es como tener el terreno y los cimientos sobre los que después se puede levantar una casa, una fábrica o un edificio. Sin esa base, las posibilidades de crecimiento sostenido son mucho más limitadas.

Vaca Muerta, la gran apuesta exportadora

La balanza comercial viene mostrando una evolución favorable y tiene una característica que me parece especialmente importante: no depende de un solo sector. La Argentina exporta productos primarios, como soja, maíz, trigo y girasol; productos elaborados, como harinas, aceites y carnes procesadas; además de equipos, vehículos, automóviles y camionetas.

Pero hay un protagonista que está modificando el panorama energético y comercial: Vaca Muerta.

Hace apenas dos años, la contribución de este sector era prácticamente inexistente como rubro exportador. Hoy genera alrededor de 1.700 millones de dólares mensuales y registra un incremento cercano al 90% interanual. Si se mantiene esta dinámica, el aporte podría alcanzar los 3.000 millones de dólares mensuales el año próximo.

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Son cifras extraordinarias y ayudan a entender por qué la energía puede convertirse en uno de los grandes motores del desarrollo argentino.

Por eso, cada vez que aparece la idea de sacarle recursos a Vaca Muerta mediante algún mecanismo que pueda frenar su expansión, conviene pensar en las consecuencias. La discusión no debería ser cómo quitarle una porción a una actividad que está creciendo, sino cómo conseguir que ese crecimiento también llegue al resto de la economía.

Hoy falta construir un puente entre la riqueza que genera Vaca Muerta y una parte de la sociedad que todavía no percibe sus beneficios. Ese puente requiere acuerdos políticos, buena gestión, inversiones e instrumentos que permitan transformar las exportaciones en más producción, empleo y oportunidades.

La prioridad debería ser que el sector siga creciendo y que sus resultados puedan extenderse a otras actividades. Si el aporte energético se multiplica, la Argentina tendrá una oportunidad enorme para fortalecer sus cuentas externas y generar nuevas fuentes de ingresos.

La señal de alerta está en las importaciones

Ahora bien, hay una segunda lectura de los datos comerciales que no podemos pasar por alto. Mientras las exportaciones muestran una evolución favorable, las importaciones vienen cayendo, particularmente las de bienes de capital, insumos productivos y vehículos.

Y esto es una luz amarilla.

Una balanza comercial positiva es una buena noticia, pero hay que entender por qué ocurre. Si exportamos más porque producimos más y somos capaces de vender al mundo, el resultado es claramente favorable. Pero si las importaciones disminuyen porque la actividad interna se debilita, entonces estamos frente a un problema diferente.

La caída de las compras al exterior de bienes de capital es especialmente relevante porque se trata de equipos y maquinarias que las empresas necesitan para producir e invertir. Cuando esas importaciones retroceden, hay que preguntarse qué está pasando con las decisiones de inversión y con la actividad económica.

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El mercado automotor también ofrece una señal interesante. La Argentina exporta más camionetas, pero importa menos automóviles. Esa combinación refleja dos realidades: por un lado, sectores industriales que tienen capacidad para competir en el exterior; por otro, un mercado interno que no muestra la misma fortaleza.

En otras palabras, hay ganadores y perdedores. Los exportadores se encuentran entre los beneficiados por la evolución del comercio exterior, pero eso no significa que el conjunto de la economía esté mejorando.

Esta diferencia es fundamental para analizar el momento actual. Un buen resultado comercial no alcanza, por sí solo, para asegurar que haya recuperación de la actividad, crecimiento del empleo o nuevas inversiones en todos los sectores.

También ayuda a entender el comportamiento del dólar. La Argentina combina una inflación acumulada del 23% con una suba del tipo de cambio de alrededor del 5% en lo que va del año. La fortaleza de la balanza comercial es uno de los factores que contribuyen a explicar esa dinámica.

Sin embargo, la estabilidad cambiaria no debería hacernos perder de vista lo que sucede puertas adentro de las empresas.

El desafío de la economía argentina es consolidar los superávits gemelos y aprovechar el potencial exportador sin dejar de mirar las dificultades del mercado interno. Vaca Muerta, el campo, la industria y el resto de las actividades capaces de generar divisas necesitan condiciones para invertir, producir y crecer.

La balanza comercial nos está dando una base importante. Ahora hay que lograr que esa fortaleza se transforme en desarrollo sostenido, con más inversión y actividad económica. Porque el objetivo no puede ser solamente exportar más y mantener las cuentas ordenadas: también tiene que ser construir una economía capaz de sostener ese crecimiento durante muchos años.

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