El ministerio de Salud de la Nación publicó este martes el Boletín Epidemiológico con datos actualizados de casos de sífilis y coloca a la provincia de Santa Fe como uno de los distritos con mayor cantidad de contagios.
La sífilis es una infección de transmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum. Su transmisión ocurre principalmente por contacto directo con lesiones infecciosas durante relaciones sexuales sin protección.
En los últimos años se ha registrado un incremento sostenido en las tasas de notificación de sífilis en la población general en Argentina, especialmente entre adolescentes y personas jóvenes. La tasa nacional de notificación pasó de 26,5 casos cada 100.000 habitantes en 2021 a 117,2 en 2025, superando más de cuatro veces la tasa de notificación nacional al inicio del periodo analizado.
La evolución de las tasas regionales de sífilis en población general entre 2021 y 2025 muestra patrones similares en el territorio nacional. Se destacan la región Sur y la de Cuyo que se posicionaron por encima del promedio nacional entre los años 2021 y 2025, siendo la región de Cuyo aquella con la tasa más alta para el inicio del período (43,8 cada 100.000 habitantes). Para el año 2025, la tasa de la región Sur fue la más elevada (159,8) superando a la región de Cuyo (137,5).
Por su parte, desde el 2021 y hasta finales del período analizado, las tasas de la región Centro se mantuvieron por debajo del promedio nacional. En lo que respecta a las regiones del NOA y NEA, presentaron una evolución ascendente con oscilaciones interanuales respecto de las tasas para el total del país. Sin embargo, la tasa observada en la región del NEA para el 2025 (133) superó a la tasa del total país mientras que la correspondiente a la región del NOA, se mantuvo por debajo del promedio nacional para ese mismo año (111,7)
En la provincia de Santa Fe, en 2021 se habían notificados 74 casos y el bajo número estuvo relacionado con la Pandemia. Ya en 2022 fueron 3.603 casos; y en 2023 4.392. En los últimos dos años la cantidad de casos fue similar: 5.313 en 2024 y 5.353 en 2025. En cuanto a la tasa cada 100.000 habitantes, en la actualidad está en 170,2, por encima del promedio nacional.
Crecimiento de casos
En el año 2025 se registró la mayor cantidad de casos de sífilis de la serie histórica con 46.779 registros. El perfil epidemiológico está claramente concentrado en personas jóvenes, con un marcado predominio de mujeres.
La mayor carga de enfermedad se concentró en personas de entre 15 y 39 años, representando un 76% del total de casos (35.497). En el rango etario donde se observaron las tasas más elevadas del período analizado corresponden al grupo de 20 a 24 años con 290,6 casos cada 100.000 habitantes y en el de 25 a 29 años con 268,6. En ambos grupos, las tasas fueron considerablemente más altas en mujeres (366 y 315,7 respectivamente) que en varones (218,2 y 222,7).
En segundo lugar, el grupo de 30 a 34 años presentó también una carga elevada con una tasa general de 183,7 por 100.000 habitantes, seguido por el grupo de 15 a 19 años con una tasa general de 136,8 por 100.000 habitantes. A partir de los 35 años se observa una disminución progresiva tanto en casos como en tasas, patrón que resulta más marcado en mujeres.
A partir de los 40 años, se registró un descenso progresivo en las tasas de notificación, patrón que fue más marcado en mujeres. Por ejemplo, en el grupo de 40 a 44 años, la tasa fue de 108,2 en mujeres y 98,9 en varones, mientras que en el grupo de 45 a 49, las tasas descendieron a 84,3 y 79,1, respectivamente.
Esta tendencia se invierte a partir del grupo de 50 a 54 años, donde las tasas comienzan a ser mayores en varones. Por ejemplo, en el grupo de 55 a 59 años, los varones alcanzan una tasa de 74,2, superando a las mujeres (53,3). Esta diferencia se acentúa en los grupos de mayor edad: en 65 a 69 años, la tasa en varones (39,7) duplica la observada en mujeres (16,4), mientras que, en los mayores de 80 años, las tasas son de 13,6 y 3,7, respectivamente.
Este patrón etario y por sexo sugiere una alta exposición o detección en mujeres jóvenes, seguido de una inversión del perfil en adultos mayores, donde las tasas masculinas superan a las femeninas. Estas diferencias deben interpretarse considerando las variables como el acceso al sistema de salud, el tipo de diagnóstico y los comportamientos asociados al riesgo de infección según el grupo etario.






















