¿Alguna vez quisiste recordar un dato y, en lugar de intentar recuperarlo de tu memoria, agarraste el celular y lo buscaste? ¿O llegaste a un lugar siguiendo el GPS y después no pudiste recordar cómo volver?
Estas situaciones son cada vez más habituales. Los teléfonos inteligentes se convirtieron en una especie de memoria externa que almacena números de teléfono, fechas, fotografías, direcciones, contraseñas, recordatorios y prácticamente cualquier información que necesitemos.
Pero esto plantea una pregunta interesante: ¿el celular está haciendo que nuestra memoria funcione peor?
La respuesta de la ciencia es bastante más compleja que un simple sí o no.
El cerebro aprende a delegar información
Los seres humanos siempre utilizaron herramientas para recordar. Desde las primeras formas de escritura hasta las agendas, calendarios y libros, nuestra cultura desarrolló diferentes maneras de almacenar información fuera del cerebro.
Con los teléfonos celulares, esta tendencia llegó a un nuevo nivel.
Los investigadores utilizan el concepto de “descarga cognitiva” para describir el proceso mediante el cual una persona utiliza una herramienta externa para reducir la cantidad de información que necesita mantener en su mente.
Por ejemplo, cuando ponemos una alarma para recordar una tarea, anotamos una fecha en el calendario o guardamos un número de teléfono, estamos realizando una descarga cognitiva.
El problema no necesariamente está en hacerlo. De hecho, estas herramientas pueden ser muy útiles. La cuestión es qué ocurre cuando recurrimos a ellas para prácticamente todo.
¿Por qué ya no memorizamos los números de teléfono?
Hace algunas décadas, muchas personas podían recordar varios números de teléfono de memoria. Hoy, para la mayoría, resulta suficiente con tocar el nombre de un contacto.
Esto no significa necesariamente que el cerebro haya perdido capacidad.
En realidad, cuando sabemos que determinada información está disponible en otro lugar, podemos dedicar menos esfuerzo a memorizarla.
Un ejemplo muy claro es el GPS.
Cuando utilizamos constantemente Google Maps u otro sistema de navegación, podemos llegar correctamente a nuestro destino sin construir necesariamente un mapa mental detallado del recorrido.
Es decir, recordamos menos información sobre el camino porque sabemos que el teléfono puede indicarnos cómo llegar.
El efecto Google: cuando saber dónde encontrar algo reemplaza a recordarlo
Uno de los fenómenos más estudiados en este campo es el llamado “efecto Google”.
La idea es sencilla: cuando las personas saben que pueden recuperar fácilmente una información en internet, pueden ser menos propensas a memorizar el dato en sí y más propensas a recordar dónde encontrarlo.
Por ejemplo, quizás no recordemos la fecha exacta de un acontecimiento histórico, pero sí sabemos que podemos encontrarla rápidamente en internet.
Esto modifica el tipo de conocimiento que almacenamos.
En lugar de recordar únicamente “qué”, nuestro cerebro también puede priorizar “dónde” está disponible esa información.
¿Entonces el celular destruye la memoria?
No hay evidencia suficiente para afirmar que utilizar un teléfono celular, por sí solo, “destruya” la memoria.
La situación es mucho más compleja.
El cerebro tiene una capacidad limitada para prestar atención y procesar información. Cuando una persona utiliza constantemente el celular para consultar datos, recibir notificaciones o cambiar entre diferentes tareas, puede aumentar la fragmentación de la atención.
Y la atención es fundamental para la memoria.
Si no prestamos suficiente atención a algo, resulta mucho más difícil almacenarlo y recuperarlo posteriormente.
Por eso, el problema puede no ser simplemente que el teléfono nos haga olvidar, sino que interrumpa los procesos necesarios para formar recuerdos sólidos.
El celular también puede ayudar a nuestra memoria
La tecnología no es necesariamente enemiga del cerebro.
Los teléfonos pueden funcionar como herramientas de organización que permiten liberar recursos mentales para otras actividades.
Calendarios, recordatorios, aplicaciones de notas, fotografías y sistemas de navegación pueden ayudarnos a gestionar grandes cantidades de información.
En determinados contextos, delegar información puede incluso ser una estrategia inteligente.
El verdadero desafío está en no confundir tener acceso a una información con haberla aprendido.
Podemos encontrar prácticamente cualquier respuesta en segundos. Pero eso no significa que esa información haya quedado incorporada a nuestra memoria.
¿Qué podemos hacer para entrenar la memoria?
No es necesario abandonar el celular para cuidar nuestra memoria.
Una estrategia sencilla es intentar recordar determinada información antes de buscarla.
Si queremos volver a un lugar, podemos intentar reconstruir mentalmente el recorrido antes de abrir el GPS. Si necesitamos recordar un dato, podemos hacer un esfuerzo por recuperarlo antes de buscarlo en internet.
También es útil reducir las interrupciones mientras estudiamos, trabajamos o realizamos una actividad que requiere concentración.
Leer sin revisar constantemente las notificaciones, aprender algo de memoria o intentar explicar un concepto con nuestras propias palabras son formas simples de exigirle trabajo al cerebro.
La tecnología no está reemplazando al cerebro, pero sí está cambiando cómo lo usamos
El celular no convirtió automáticamente a las personas en más olvidadizas.
Lo que está cambiando es la relación entre nuestra memoria y la información.
Durante miles de años, los seres humanos desarrollaron herramientas para ampliar sus capacidades cognitivas. Los teléfonos inteligentes representan una versión extremadamente poderosa de ese proceso.
El desafío consiste en aprovechar esa memoria externa sin dejar de ejercitar la interna.
Porque una cosa es poder encontrar cualquier información en segundos y otra muy distinta es haberla aprendido, comprendido y poder utilizarla cuando el teléfono no está disponible.
