Alfredo De Angeli, aquel hombre que en 2008 se subía al tractor para salvar a la República de las garras de la 125, ha decidido darle otro viraje a su currículum, igual de profundo que aquel que comenzó por la sonrisa de dientes parejos. Lo cierto es que la meticulosa transformación del “Melli” De Angeli empezó en agosto de aquel 2008, mientras el país todavía olía a goma quemada y termina en estos días libertarios.
Hoy, luego de terminar su mandato de doce años como senador nacional en diciembre de 2025, cualquiera hubiera esperado verlo de regreso en Entre Ríos, tal vez peleando contra la sequía o las retenciones. Pero no. El sacrificio personal tiene un límite y ese límite es un contrato de asesor en la planta transitoria del Senado.
La sonrisa del De Angeli asesor
La noticia, que cayó como una granizada en plena cosecha, confirma que De Angeli ha sido bendecido con la categoría A-1, la escala jerárquica más alta y envidiada del escalafón administrativo. Con un sueldo que ronda los 3 millones de pesos, el exdirigente rural demuestra que la “casta” no es más que una etiqueta que se despega con un buen decreto firmado por la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Es conmovedor ver cómo el bloque del PRO, liderado por Martín Goerling Lara, se apiadó de este pobre productor que, tras una década y pico en la Cámara Alta, parece haber olvidado cómo se arranca una cosechadora, pero aprendió a la perfección cómo no soltar la teta del Estado. Mientras sus antiguos compañeros de ruta quedaron en el camino, Alfredo se queda en los despachos porteños para “asesorar”. ¿Sobre qué? Bien puede ser sobre cómo mantener la vigencia política sin que se te ensucie el calzado.
Así se cierra el ciclo del héroe rural: de cortar la ruta para que no le saquen la suya, a quedarse en el despacho para seguir llevándose la nuestra. Alfredo descubrió que la verdadera “siembra directa” es plantar el nombre en una planilla de asesores y cosechar 3 millones por mes sin que le afecte el clima.