Prometo no hablar de fuentes, ni de cascadas, ni de contratistas que —acovachados en la informalidad del “negro”— terminan confesando ante la Justicia lo que ya todos sospechábamos. Hoy prefiero saludar a los que todavía pagan sus impuestos en tiempo y forma, con la esperanza quijotesca de que algún día, en este país, sean recompensados. No será hoy, pero algún día llegará.
Hoy quiero traerles una foto movida, pero real. Una foto de la economía de calle, esa que no siempre sale en los grandes titulares financieros pero que explica cómo nos estamos moviendo. Los datos de ACARA (la cámara que reúne a los concesionarios) del primer cuatrimestre de 2026 son reveladores: mientras el patentamiento de autos cayó un 13%, la venta de motos subió un impactante 43%.
Es, sin lugar a dudas, el sector que más creció en la Argentina, superando incluso los indicadores de Vaca Muerta. Y cuando uno se pone a “punzar” el porqué de este fenómeno, aparecen las razones de fondo.
La “uberización” y el refugio del bolsillo
No es solo una cuestión de movilidad, es una cuestión de supervivencia y de trabajo. Hoy, por dos o tres millones de pesos, tenés un vehículo. Pero además, tenés una herramienta de laburo. Estamos viendo una “uberización” de la economía donde la moto es el motor principal.
Hay tres claves que explican este estallido:
- El precio accesible: El 70% de las unidades vendidas son motos de bajo costo (que no significa baja calidad, sino bajo valor de mercado).
- La financiación: Es de los pocos sectores donde aparece el crédito bueno, barato y a largo plazo. Bancos públicos, como el Nación, ofrecen planes de hasta 24 cuotas con tasas mínimas o créditos personales a cuatro años.
- Producción nacional: Otra buena noticia es que el 70% de estas motos se fabrican (o ensamblan) en el país. Hay gente laburando detrás de cada unidad que sale a la calle.
¿Optimismo o necesidad?
Las conclusiones son todas válidas y conviven entre sí. Está el que perdió un laburo en relación de dependencia, usó la indemnización para comprar una moto y salió a pedalear la calle para generar mango. Pero también está el que tenía una bicicleta, pudo saltar a la moto y hoy siente que está progresando. Todas las variables, desde la más pesimista a la más optimista, forman parte de esta foto argentina.
La pregunta que queda flotando es: ¿por qué esto no pasa en otros sectores? ¿Por qué no hay este financiamiento para una máquina agrícola o para renovar esos camiones sojeros que tienen más de 20 años y cruzan nuestra provincia para llegar al puerto?
El campo, el salvavidas de siempre
Mientras en las grandes ciudades como Santa Fe o Rosario el clima es más frío, en los pueblos del interior productivo la realidad es otra. Me lo decía un embajador de su provincia, Ale Fantino: en los pueblos se está laburando a tope.
El campo, una vez más, viene a salvarnos con una cosecha récord y una liquidación de dólares que le da oxígeno al Gobierno y a todos nosotros. Es una gran noticia que el interior tenga esta oportunidad, aunque uno siempre desea que ese “derrame” termine de llegar a todos lados.
Por ahora, la economía real va en dos ruedas, financiada y buscando el mango día a día. Es lo que hay, y es la foto más honesta de la Argentina que hoy nos toca transitar.
