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El caballo: del hacedor de la patria a los Juegos Suramericanos en Santa Fe 2026.

De chica, inculcada por vivencias en el rancho con mi viejo, amé el caballo. Aprendí a cuidarlo, a montarlo, a apreciar el olor de los aperos al desensillar, a ver el mundo desde arriba de él, con el viento pegándome en la cara y mi pelo al viento.

Mucho antes que existieran las competencias internacionales, las pistas, los cronómetros y las medallas, el caballo ya estaba ahí acompañando al hombre por caminos de tierra y piedra, atravesando enormes distancias, trabajando en el campo, compañero del gaucho y su hidalguía por la emancipación de la patria formando parte de la vida cotidiana de nuestros pueblos.

Estuvo en los momentos decisivos de nuestra historia.

Es imposible pensar en el General José de San Martín sin pensar en los Granaderos a Caballo. El caballo acompañó las campañas de la Independencia de este país y fue protagonista de una época en la que había que recorrer el territorio, trasladar hombres, llevar mensajes de chasques y entrar en combate donde el éxito de la batalla dependía muchas veces de estos animales.

Los ejércitos montados de los blandengues, luego llamados siririseros (porque iban chiflando como el sirirí en plena arremetida de batalla) del Brigadier Estanislao López en sus contiendas estratégicas por hacer invencible a Santa Fe -como lleva el nombre hoy el estadio recientemente inaugurado en la ciudad capital- los hace protagonistas de la historia.

De chica, inculcada por vivencias en el rancho con mi viejo, amé el caballo. Aprendí a cuidarlo, a montarlo, a apreciar el olor de los aperos al desensillar, a ver el mundo desde arriba de él, con el viento pegándome en la cara y mi pelo al viento. De vez en cuando azotando (que significa cruzar el río a caballo al otro lado) en el río Coronda con las vacas y otros caballos en pelo, apenas siendo adolescente.

El caballo es la extensión del cuerpo del ser humano y fue nombrado en innumerables canciones y poemas que lo hicieron protagonista.

A decir del poeta de la costa santafesina Julio Migno en su poema “Gaucho”: “Su caballo…de su mismo origen bereber y árabe tenía predilección especial por el Centauro. El caballo sabe la carga que lleva y le molestan los cobardes”. O “Cuando el gaucho caía enorquetau en su corcel compañero, éste demostraba su alegría bebiendo los vientos, afiebrando la pupila, ensanchando el pecho para la embestida corajuda”.

El gaucho sabe con qué luna hay que tirar la boca para que sea blando o capar en la primer luna menguante de enero para que el pelo esté brilloso siempre y no se embiche.

Por eso, cuando en estos días miramos los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 y aparecen las pruebas ecuestres con deportistas de países como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Uruguay en las categorías: Adiestramiento, Prueba de Doma y Prueba de campo, Salto en el Jockey Club de Rosario, poniendo al caballo en el centro de la escena, a mí, inevitablemente, me lleva a otro lugar.

Hace un par de años tuve la posibilidad de viajar a España y conocer la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, en Jerez de la Frontera, Cádiz, España. Es imposible transmitir la emoción que me embargó estar en ese lugar frente a ellos, bailando al compás de la música en la pista del anfiteatro de arena. No era solamente la belleza de los animales ni la destreza de los jinetes. Era la sensación de estar viendo una tradición viva, del respeto del humano hacia el caballo y del caballo hacia el humano.

La famosa escuela andaluza plantea el entrenamiento desde el equilibrio y la armonía entre caballo y jinete. El entrenamiento de los caballos comienza a partir de los 3 años cumplidos, con métodos básicos de doma amable trabajando el paso, trote, galope. El proceso de adiestramiento reglamentario se extiende aproximadamente cuatro años. A partir de allí, según las condiciones y el nivel alcanzado, los caballos pueden incorporarse a las grandes representaciones. La formación incluye doma clásica, doma vaquera y Alta Escuela.

En la doma vaquera, el jinete puede conducir al caballo con una sola mano, trabajando paso y galope, cambios de ritmo, giros y arreones. Es una disciplina relacionada históricamente con el trabajo de campo y el manejo del ganado.

En los trabajos en la mano, el caballo responde al jinete aunque este esté desmontado. Allí aparecen ejercicios de Alta Escuela como levadas, cabriolas, corvetas, piaffe, paso español y riendas largas.

El caballo andaluz aparecía allí unido a una cultura, a una historia que se relaciona directamente con la nuestra. Aquella experiencia me hizo pensar en nuestros propios caballos.

En Andalucía, el caballo forma parte de una tradición ecuestre que se conserva y se transmite de generación en generación. En Argentina, el caballo está profundamente ligado a nuestra historia rural, al gaucho y a nuestras tradiciones. Y los que andamos a caballo aquí cabalgamos como los andaluces, no como los sajones. Manejamos sobre la cruz del mismo y montamos hincados, no de lado. En mi caso, por mi padre y mi zona, con montura sanjavielera, la Baucero.

Dos mundos diferentes y, al mismo tiempo, unidos por un mismo animal.

A simple vista, alguien que no conoce el deporte puede pensar que simplemente está viendo a un caballo caminar, trotar o realizar determinados movimientos vanos. Pero no. Hay una larga espera y paciencia en el diálogo de animal y humano.

Después está el salto. Ahí la escena cambia completamente. El caballo toma velocidad, se acerca al obstáculo y, en una fracción de segundo, los dos —caballo y jinete— tienen que tomar la decisión correcta. Es coordinación. Es escuchar y ser escuchado.

Y hoy, ese mismo vínculo puede aparecer en una pista internacional.

Pero permanece algo esencial: el hombre frente al caballo en perfecta sinergia.

Por eso, cuando se disputan los Juegos Suramericanos, también podemos mirar estas competencias con otros ojos. Podemos ver el deporte, por supuesto, pero también podemos reconocer una parte de nuestra historia y de nuestra identidad santafesina.

Una tradición que sigue galopando.

El caballo que alguna vez fue indispensable para atravesar nuestro territorio por la independencia, hoy puede estar dentro de una pista buscando una medalla. El caballo que aparece en una fiesta criolla puede ser también protagonista de una competencia deportiva. No solamente para ver a los mejores deportistas de Sudamérica. Sino para entender una relación que viene de muchísimo tiempo atrás en el mundo, y en nuestra Patria.

Los invito a reflexionar: ¿Cuánto de nuestra identidad todavía galopa arriba de un caballo?

En la voz de mi padre Orlando Vera Cruz “Gaucho” en su disco en vivo “Bajo un mismo cielo”:

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