Gabriele Gravina, quien recientemente dejó su cargo tras no clasificar al Mundial 2026, sacó a la luz el documento sobre el estado del fútbol italiano.
Tras no clasificar al Mundial 2026, la calma en Italia desapareció y el caos parece no tener fin, más aún luego de que el ex presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Gabriele Gravina, reveló un documento donde expone las deficiencias.
El exmandatario, que renunció recientemente a su cargo por no lograr el objetivo de volver a disputar la Copa del Mundo, aseguró que la FIGC pierde más de 730 millones de euros al año, es la última en gambetas y presión en comparación con las demás ligas de Europa y, sobre todo, desaprovecha su talento nacional.
Gravina argumentó esta crisis en un marco de empobrecimiento de la calidad técnica y de una dispersión del talento juvenil, ya que la Serie A no figura entre las diez primeras ligas europeas en metros recorridos en sprint, y la velocidad media del balón en el juego es mucho más baja (7,6 m/s) que la media de la Champions League (10,4 m/s) y la de otras grandes ligas europeas (9,2 m/s).
Además, la máxima categoría del sistema de ligas de fútbol es la última de las cinco grandes ligas europeas en gambetas y en agresividad durante las fases de presión. Pero esto no es un hecho aislado para el ex presidente, ya que apuntó lo que él considera el principal factor para la debacle: los futbolistas que no son italianos jugaron el 67,9% de los minutos.
“De los 284 futbolistas que han jugado al menos 30 minutos por partido, sólo 89 son italianos, de los cuales 10 son arqueros”, sostuvo.
Por otra parte, Gravina marcó que Italia tiene problemas también en la gestión del talento juvenil: en la clasificación de las 50 mejores canteras del mundo, sólo figuran Atalanta y Juventus. Y aunque las selecciones juveniles italianas alcanzaron sus mejores resultados históricos, incluido el título en el Europeo Sub 19 2023, sus jugadores disputan muchos menos minutos en Primera División y en competiciones europeas que en el resto de los países.
“Debemos cultivar los talentos emergentes, porque siempre surgirán. Mi propuesta es la siguiente: ¿y si exigiéramos que cada equipo de la Serie A tuviera un jugador Sub 19 en cancha? Esto requeriría que cada equipo tuviera alrededor de cuatro disponibles. Eso suma 80 jóvenes jugadores a quienes apoyar y ayudar a fortalecerse. Quizás ninguno de ellos sea bueno en la Juventus, pero tal vez surja alguien del Cremonese. Eso fortalecería a la selección nacional”, expresó.
Una generación sin Mundial en Italia
El impacto no es solo estadístico, también es simbólico. Una generación completa de futbolistas italianos creció sin disputar instancias decisivas en Copas del Mundo, algo impensado décadas atrás.
A pesar del título en la Eurocopa 2020, donde Italia supo reinventarse y conquistar Europa, ese éxito no logró sostenerse en el tiempo. La falta de continuidad, los problemas en ataque y la ausencia de figuras determinantes en momentos clave volvieron a quedar expuestos.
Las críticas ya no apuntan únicamente a lo futbolístico. La eliminación volvió a encender alarmas sobre la falta de recambio generacional, la debilidad ofensiva y los errores estructurales del sistema.
Gattuso había advertido en la previa sobre la presión y la responsabilidad, pero ni siquiera ese mensaje logró cambiar el rumbo. Italia volvió a mostrar un equipo sin contundencia, con dudas y sin reacción en los momentos decisivos. Desde aquel título en Alemania 2006, el recorrido ha sido irregular: eliminaciones tempranas, ausencias dolorosas y una identidad que parece haberse diluido.
Hoy, la Azzurra enfrenta una realidad incómoda: su prestigio histórico ya no alcanza para competir al máximo nivel. El fútbol mundial avanzó, y Italia quedó atrapada entre recuerdos gloriosos y un presente que exige reconstrucción urgente.
Mientras el mundo se prepara para el Mundial 2026 en Norteamérica, Italia deberá reinventarse desde sus bases, recuperar identidad y reconstruir confianza. Porque lo que antes era impensado, hoy es una certeza: la Azzurra atraviesa una de las crisis más profundas de su historia.