Más de 600 familias de Santa Fe participan de una propuesta impulsada por el Colegio de la Inmaculada Concepción para postergar el acceso personal de los chicos a los teléfonos inteligentes y a determinadas redes sociales.
La iniciativa alcanza potencialmente a alrededor de la mitad de la matrícula de la institución y no establece una obligación para las familias. Se trata de un acuerdo voluntario que busca generar criterios compartidos frente a una situación que suele generar discusiones en los hogares: cuándo entregar el primer celular, qué aplicaciones permitir y cómo acompañar el vínculo de los chicos con la tecnología.
El rector del colegio, Emmanuel Sicre, explicó que la propuesta surgió a partir de la necesidad de acompañar a las familias frente a la presencia cada vez mayor de los dispositivos en la crianza y la educación.
Qué propone el acuerdo sobre los celulares
Uno de los principales puntos consiste en postergar la entrega de un smartphone personal con acceso a internet hasta el ingreso al nivel secundario.
La propuesta no implica que los chicos queden incomunicados. El acuerdo contempla otras alternativas, como un teléfono básico sin conexión a internet, un dispositivo familiar utilizado bajo supervisión o herramientas destinadas específicamente a actividades escolares, familiares o particulares.
La intención es diferenciar la necesidad de comunicarse con la posibilidad de que un niño tenga un smartphone propio y pueda acceder de manera autónoma a internet.
También buscan retrasar el acceso a las redes sociales
El segundo eje está relacionado con las redes sociales y plataformas digitales.
El acuerdo plantea postergar el acceso personal a plataformas que incluyen exposición pública, interacción con desconocidos o algoritmos de recomendación hasta aproximadamente los 13 o 14 años.
A partir de entonces, propone que la incorporación sea progresiva y acompañada por la familia hasta alcanzar una mayor autonomía alrededor de los 16 años.
Entre las plataformas contempladas aparecen Instagram, TikTok, Snapchat, Roblox, Discord, Twitch y Fortnite. En el caso de herramientas de comunicación como WhatsApp, se plantea que puedan utilizarse cuando exista una necesidad concreta y con acompañamiento familiar.
Una propuesta voluntaria, sin controles
El acuerdo no funciona como un contrato ni genera obligaciones legales. Cada familia decide si adhiere o no, mientras que el colegio no establece mecanismos para controlar su cumplimiento.
Incluso, las familias pueden modificar o dejar de aplicar el acuerdo en cualquier momento.
El documento también contempla que, si más del 50% de las familias de una sala o curso adhiere a la propuesta, pueda realizarse una instancia de celebración junto con docentes y estudiantes.
La idea es que el compromiso funcione como una herramienta de acompañamiento y no como un mecanismo de control.
El desafío de poner límites cuando otros chicos ya tienen celular
Uno de los principales argumentos de las familias que acompañan la iniciativa está relacionado con la presión que aparece cuando los chicos se vinculan con compañeros que ya tienen dispositivos.
Laura D’Angelo, madre de dos alumnos de primaria, explicó que en su hogar existen restricciones respecto de la tecnología, pero que resulta más difícil sostenerlas cuando los chicos interactúan con otros niños que tienen celular.
Para ella, un acuerdo entre varias familias puede reducir esa presión y evitar que un chico sienta que queda aislado por no tener un dispositivo.
Una propuesta pensada para los más chicos
Desde el colegio remarcan que la iniciativa apunta especialmente a jardín y primer ciclo de primaria.
El planteo parte de que resulta más complejo implementar un acuerdo de este tipo cuando los chicos ya tienen 12 años y cuentan con un teléfono propio.
Por eso, el objetivo es comenzar antes de que la incorporación del celular se convierta en una decisión instalada y difícil de modificar.
El alcance potencial es de más de 600 familias, aunque la adhesión depende exclusivamente de cada grupo familiar.
La propuesta no busca eliminar las pantallas
El acuerdo tampoco establece una cantidad específica de horas frente a los dispositivos.
Cada familia puede organizar el uso de pantallas de acuerdo con la edad, las necesidades y las características de sus hijos. Como criterio general, se propone priorizar durante las edades más tempranas el juego, el descanso, el movimiento y los encuentros presenciales, además del uso acompañado de dispositivos.
La propuesta parte de reconocer que la tecnología forma parte de la vida cotidiana y que los chicos necesitarán aprender a utilizarla. La discusión apunta, en ese sentido, a definir cuándo, cómo y con qué acompañamiento incorporar las herramientas digitales.
El acuerdo también alcanza al resto de la familia
Otro de los aspectos planteados por el Colegio de la Inmaculada es comunicar la decisión a los demás adultos cercanos que puedan regalar o prestar dispositivos.
Esto incluye a abuelos, tíos y hermanos mayores, ya que un regalo o un préstamo de un teléfono podría modificar el acuerdo adoptado por los padres.
La intención es que las pautas puedan sostenerse dentro de todo el entorno familiar y no dependan únicamente de las decisiones de los padres.
Una experiencia que busca extenderse
La propuesta tomó como referencia el denominado Pacto Parental, una iniciativa impulsada inicialmente por familias de un colegio de Mendoza.
El Colegio de la Inmaculada adaptó esa experiencia a su propia comunidad y plantea que pueda ser tomada como referencia por otras instituciones.
El acuerdo, además, contempla una revisión anual, de manera que las familias puedan analizar su funcionamiento y modificarlo a medida que los chicos crecen y cambian las condiciones tecnológicas y sociales.





















