El posible regreso del fenómeno El Niño encendió las alertas en el sector agropecuario de la región centro, especialmente en la actividad lechera, donde un exceso de lluvias puede afectar las pasturas, la alimentación del rodeo y la infraestructura de los tambos. Desde el INTA Rafaela recomendaron a los productores tomar medidas preventivas antes de que lleguen los períodos de mayores precipitaciones.
En diálogo con Amanecer no es poco, el ingeniero agrónomo Guillermo Cavallero, integrante del Área de Desarrollo Rural del INTA Rafaela, explicó que las principales acciones deben enfocarse en tres aspectos dentro del establecimiento: “infraestructura, reserva y manejo del rodeo”.
“Son cuestiones lógicas que tratamos de reforzar para que no queden desapercibidas, particularmente vinculadas a cosas que hoy se pueden hacer y que, si eventualmente vienen lluvias importantes, después no se van a poder realizar”, señaló.
Según Cavallero, una de las principales preocupaciones está relacionada con la capacidad de drenaje de los predios. En muchas zonas de la región, la baja pendiente dificulta el escurrimiento natural del agua y cualquier obstáculo puede generar acumulación.
“Hay que revisar toda la parte de drenaje de los predios, haciendo el correcto abovedado de caminos, las cunetas correspondientes, las alcantarillas y las pendientes”, explicó. Y agregó que el objetivo es “llevar el agua hacia los sectores deseados y evitar que quede dentro del campo afectando las pasturas”.
El impacto del exceso de agua sobre las pasturas y la alimentación
Uno de los mayores riesgos para los tambos está vinculado con la pérdida de la cadena forrajera, especialmente de cultivos como la alfalfa, una de las bases de la alimentación en los sistemas lecheros de la región.
“El principal riesgo es que toda la cadena forrajera de nuestra zona depende de sistemas pastoriles. La alfalfa ocupa una proporción importante de la superficie y es una inversión muy alta para el productor”, explicó Cavallero.
El especialista advirtió que una pastura afectada por varios días de anegamiento puede perderse rápidamente. “Si esa superficie de alfalfa llega a estar dos o tres días bajo agua, con cinco o seis centímetros de lámina, hay una anoxia en las raíces y se termina perdiendo la planta”, indicó.
Ante ese escenario, recomendó reforzar la planificación de reservas de alimento. “Si uno piensa que puede llegar a perder parte de esa oferta forrajera, sería conveniente generar reservas extras a través de heno, rollos o silaje”, sostuvo.
Además, planteó la necesidad de revisar la carga animal de cada establecimiento para evitar que una eventual falta de alimento genere mayores complicaciones.
Barro, caminos y la necesidad de anticiparse
Otro de los puntos críticos para los tambos es el impacto del barro sobre los animales y las tareas diarias. Cavallero explicó que la actividad lechera requiere un manejo constante y que la humedad prolongada puede afectar tanto la producción como la sanidad.
“El tambo no se lleva bien con el barro, particularmente por los caminos, por enfermedades y por toda la parte sanitaria del animal”, afirmó. Entre las consecuencias mencionó problemas podales, enfermedades de ubre y una disminución en la producción de leche.
Por eso, recomendó acondicionar sectores estratégicos del predio para la alimentación y circulación del rodeo. “Hay que armar sitios adecuados, distribuir estratégicamente los lugares de alimento y utilizar callejones bien abovedados con cunetas profundas para sacar el agua del predio”, detalló.
Para el especialista del INTA Rafaela, uno de los principales errores es esperar a que el fenómeno climático ocurra para comenzar a actuar. “El error sería no realizar hoy las cosas que sabemos que pueden llegar a pasar”, afirmó.
En ese sentido, remarcó que la anticipación permite aprovechar las condiciones actuales para realizar obras y mejoras. “Hoy tenemos condiciones adecuadas para hacer movimientos de tierra, trabajar en infraestructura o acondicionar sitios estratégicos que después, con un exceso hídrico, no vamos a poder hacer”, explicó.
El rol del monitoreo y la planificación
Cavallero destacó que los pronósticos y las herramientas tecnológicas permiten tomar decisiones con mayor anticipación, aunque aclaró que no pueden determinar con exactitud dónde y cuándo ocurrirá cada evento.
“El pronóstico me dice que algo puede pasar, que puede haber lluvias superiores al promedio normal, pero no me dice si van a caer 300 milímetros en mi campo. Lo que me da es una tendencia y eso ya permite prepararse”, señaló.
Además, mencionó el seguimiento de las napas como otra herramienta clave para evaluar riesgos. “Si tengo una napa superficial, el problema se complica porque pierdo una vía de salida del agua y además tengo un aporte permanente”, explicó.
Finalmente, destacó la importancia de un trabajo conjunto entre productores, asesores, municipios, comunas y organismos vinculados al manejo del agua.
“Lo que puedo hacer dentro del predio es sistematizar el agua, pero hay una responsabilidad social porque si los caminos, cunetas y canales no están en condiciones, el margen de maniobra se reduce”, concluyó.
