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Economía

Calle Corrientes: ¿boom económico o una postal de consumo?

Una avenida llena, teatros con localidades agotadas y restaurantes trabajando a pleno pueden mostrar que hay sectores del consumo que funcionan. Pero tomar esa postal como una fotografía de toda la economía argentina es un error. Los datos de industria, comercio, construcción y consumo muestran una realidad bastante más compleja.

Calle Corrientes

Hay una discusión económica que, por momentos, parece reducida a una cuestión casi anecdótica: la calle Corrientes está llena. Hay gente en los teatros, restaurantes con movimiento y determinadas obras que venden todas sus localidades. Entonces aparece la pregunta: ¿dónde está la crisis?

La respuesta, desde mi punto de vista, es bastante sencilla: una calle llena no alcanza para medir una economía.

La calle Corrientes es un patrimonio de Buenos Aires y, en muchos sentidos, también de todos los argentinos. Es lógico que tenga movimiento. Es lógico que haya espectáculos que funcionen muy bien. Y es una excelente noticia que exista consumo cultural, gastronómico y de entretenimiento. El problema aparece cuando pretendemos convertir esa postal en una explicación general de lo que está pasando con la economía argentina.

Hay una diferencia importante entre decir que algunos sectores funcionan bien y afirmar que la economía en su conjunto está atravesando un boom. Son dos cosas completamente distintas.

De hecho, referentes de la actividad teatral salieron rápidamente a ponerle algunos límites a esa interpretación. Carlos Rottemberg habló de una caída del 13% en la actividad teatral y Daniel Grinbank sostuvo que el espectáculo no está atravesando un boom y que, incluso, el año pasado había sido mejor en determinados aspectos.

Eso debería hacernos pensar.

El consumo de una parte no representa al conjunto

Hace muchos años, un jefe que tuve, Daniel Fernández Canedo, me explicó una idea que todavía hoy me parece muy útil para entender la economía argentina. Me decía que existen alrededor de dos millones de personas que siempre tienen capacidad para consumir, independientemente del contexto. Son quienes mantienen determinado nivel de ingresos y, por lo tanto, continúan gastando aun cuando buena parte de la economía se retrae.

Hay además otros grupos que van entrando y saliendo de ese universo según cómo les vaya.

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El verdadero desafío de una economía, entonces, no es que esos dos millones consuman. Eso va a ocurrir casi siempre. El verdadero desafío es conseguir que sean cinco millones, diez millones o la mayor cantidad posible los que tengan capacidad de consumo.

Y ahí creo que está uno de los errores de este debate: confundir a esos consumidores con toda la economía.

Porque mientras una parte de la población puede pagar una entrada de teatro, salir a comer y consumir determinados servicios, hay otra que está recortando gastos, dejando de comprar bienes durables o directamente quedando afuera de esos consumos.

Por eso hay que mirar los números que están por fuera de la calle Corrientes.

La construcción no está mostrando una situación extraordinaria. El comercio tampoco. Las ventas en supermercados y shoppings no permiten hablar de un boom generalizado. Y la venta de automóviles acumuló una caída cercana al 16% en el año. En este último caso, además, hay que hacer una aclaración: estamos hablando de ventas y no de producción, porque el ingreso de vehículos importados modifica la lectura del dato.

Entonces, sí: hay sectores donde se consume. Pero eso no significa que el consumo se haya recuperado de manera general.

La industria también tiene algo para decir

Hay otro dato que para mí es mucho más representativo de la economía real: la utilización de la capacidad instalada de la industria.

Ese indicador es importante porque permite saber cuánto de las plantas industriales está efectivamente funcionando. Y a partir de ahí podemos empezar a pensar qué hacen las empresas: si invierten, si amplían su capacidad o si simplemente intentan sobrevivir.

Una industria que trabaja al 65% o al 70% de su capacidad todavía tiene margen. Una que está por encima del 80% probablemente empiece a necesitar inversión, ampliar instalaciones, incorporar trabajadores y aumentar su producción.

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Pero cuando una planta está trabajando al 40%, la situación es completamente distinta.

Ahí no estamos hablando de una empresa que está pensando cuánto va a invertir el año próximo. Estamos hablando de una empresa que está mirando cómo mantener la planta abierta. Como suelo decir, está más cerca de cerrar que de invertir.

Y tenemos sectores industriales que incluso se encuentran por debajo de esos niveles. La metalurgia, la metalmecánica y los textiles son ejemplos claros.

Esto no significa desconocer las cosas que funcionan bien. Todo lo contrario. Vaca Muerta es una historia positiva. La minería está creciendo. El campo está atravesando una etapa de crecimiento y, además, de una diversificación muy importante.

Pero analizar la economía también implica mirar aquello que no funciona.

Tenemos que poder decir al mismo tiempo que Vaca Muerta funciona muy bien y que determinados sectores industriales están mal. No hay contradicción en eso. La contradicción aparece cuando solamente queremos mirar una de las dos partes.

Y por eso no me convence utilizar una calle llena de gente como prueba de una recuperación general de la economía.

La calle Corrientes puede estar llena. Un teatro puede estar agotado. Un restaurante puede trabajar a pleno. Todo eso es real y, además, es bueno.

Pero después hay que salir de esa avenida y mirar el resto.

Porque una economía no se mide por una postal. Se mide por el conjunto de sus indicadores, por la capacidad de consumo de la mayoría, por la situación de sus empresas y, fundamentalmente, por la posibilidad de que quienes hoy están sobreviviendo puedan volver a invertir, consumir y crecer.

Ese es el verdadero desafío.

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