La fotofarmacología se perfila como una de las investigaciones más prometedoras en el ámbito de la medicina. La técnica propone administrar fármacos que permanecen inactivos hasta recibir un estímulo lumínico específico, permitiendo que actúen únicamente en el tejido afectado y evitando su acción sobre el resto del organismo.
¿Qué es la fotofarmacología y cómo funciona?
El bioquímico y divulgador científico Pere Estupinyà presentó esta tecnología tras asistir al FENS Forum 2026, celebrado en Barcelona entre el 6 y el 10 de julio, encuentro que reunió a investigadores especializados en neurociencia para compartir los avances más recientes sobre el cerebro y el sistema nervioso.
Durante el evento, explicó que esta disciplina consiste en modificar la estructura de un medicamento mediante la incorporación de un componente fotosensible. Mientras este elemento no recibe luz, el fármaco permanece desactivado y no produce efectos en el organismo.
En cambio, cuando se aplica luz infrarroja o ultravioleta sobre una zona determinada del cuerpo, esa pieza molecular cambia su configuración y activa el medicamento únicamente en ese punto.
Una alternativa para reducir los efectos secundarios
Uno de los principales beneficios de esta técnica es la posibilidad de dirigir el tratamiento exclusivamente hacia el área donde existe la enfermedad o la inflamación.
A diferencia de muchos medicamentos tradicionales, cuyos principios activos circulan por todo el organismo y pueden provocar efectos adversos, la fotofarmacología permitiría limitar la acción terapéutica al tejido afectado.
Según explicó Estupinyà, el fármaco puede distribuirse por todo el cuerpo sin generar actividad hasta que recibe el estímulo lumínico adecuado, lo que abre la posibilidad de administrar dosis más elevadas sin activar el medicamento de forma generalizada.
La luz infrarroja activa el medicamento en el lugar preciso
El funcionamiento del sistema resulta relativamente sencillo desde el punto de vista conceptual. Si el tratamiento debe actuar, por ejemplo, en una rodilla, el hígado o cualquier otra región del cuerpo, basta con aplicar luz infrarroja sobre esa zona.
La radiación atraviesa parcialmente la piel y desencadena la activación del compuesto fotosensible, permitiendo que el medicamento ejerza su efecto únicamente donde se necesita.
Además, algunos desarrollos experimentales buscan que estos compuestos respondan con mayor intensidad en los tejidos donde existe inflamación, aumentando aún más la precisión del tratamiento.
Uno de los desafíos es alcanzar tejidos profundos
Pese a su enorme potencial, la fotofarmacología todavía enfrenta algunas limitaciones técnicas. Una de ellas es que la luz infrarroja solo consigue penetrar hasta cierta profundidad en los tejidos.
Para superar este obstáculo, investigadores trabajan en nuevas soluciones. Entre ellas figura el desarrollo de pequeños cristales capaces de implantarse dentro del organismo y amplificar la luz recibida, facilitando que la activación del medicamento llegue a regiones más profundas del cuerpo.
Este tipo de investigaciones se encuentra en desarrollo y podría representar un paso importante hacia terapias más selectivas y con menor riesgo de efectos secundarios para los pacientes.
