La historia de Froilán Díaz no se entiende sin el sacrificio. A los 19 años, el arquero surgido en Unión transita su primera experiencia en el exterior, defendiendo el arco de Deportivo Quito, y en diálogo con Magazine Deportivo dejó frases que reflejan el camino recorrido y el que todavía le queda por delante.
Su llegada a Ecuador tuvo un primer obstáculo claro: la altura. “La primera vez me costó un poco adaptarme por el aire, la altura, todo… te empieza a faltar el aire y es un poco como que te jode”, contó sin vueltas. Sin embargo, con el correr de los días logró acomodarse: “Pasaron 20 o 25 días y ya me fui adaptando de a poco. Hoy es como que ya me adapté mucho”.
Ese proceso fue acompañado también desde lo humano. Díaz viajó junto a su mamá, quien fue un sostén clave en esta etapa inicial. “Vine con mi mamá en enero y ahora ya se vuelve la semana que viene”, relató, sabiendo que pronto deberá afrontar el desafío de continuar solo.
Pero si hay algo que marca su carrera es la costumbre de convivir con la distancia. “Yo la pasé cuando me tocó irme a vivir a Unión a los 12 años… las primeras veces llamaba a mi viejo llorando que me quería volver, que no aguantaba”, recordó. Hoy, con más madurez, el escenario se repite, aunque con otra cabeza: “Ahora que estoy más lejos es más sacrificador aguantar… pero hay que sacrificarse para poder llegar a jugar en Primera”.
En ese contexto, el arquero también habló de lo que significa estar lejos de los afectos: “Extraño a mi familia, a mis amigos… pero bueno, hay que adaptarse”. Una frase simple, pero que resume la realidad de muchos juveniles que dejan todo por una oportunidad.
En lo deportivo, Díaz empieza a enfocarse en lo que viene. Deportivo Quito ya tiene en agenda sus primeros compromisos. “Este sábado tenemos nuestra presentación contra Bolívar en el Atahualpa y a partir del 4 de abril arranca el torneo”, explicó, ilusionado con sumar minutos.
A pesar de su juventud, su recorrido ya incluye experiencias de alto nivel. Fue parte de la Selección juvenil, jugó competencias internacionales y compartió entrenamientos con figuras consagradas. Sin embargo, aún le cuesta dimensionarlo: “No caigo con todo lo que hice… de ir a un Mundial sub 17, jugar un Sudamericano, estar con los campeones del mundo… no caigo en la realidad todavía”.
Lejos de relajarse, esa vivencia lo impulsa. “Sé que día a día trabajo para esforzarme y poder llegar a lo que uno más sueña”, afirmó. Y en esa línea, destacó su apertura al aprendizaje: “Aprendo de todos lados, de compañeros, de técnicos, de entrenadores de arquero. Siempre me gusta aprender”.
En Ecuador, además, encontró una referencia en Sebastián Blázquez. “Siempre me corrige en la pegada, en la técnica, en cómo posicionarme en el arco. Yo escucho porque fue un gran arquero”, valoró.
Su historia con el puesto también tiene su particularidad. “De chico jugaba de dos, de cinco o delantero, pero mi papá me dijo que por mi altura tenía que ir al arco. Probé y me gustó, y me quedé”, contó, aunque admite entre risas que todavía se da el gusto de salir a la cancha: “A veces en los entrenamientos hago un picadito y juego de cinco”.
Formado en Unión, Díaz no se olvida de sus raíces. “Pude entrenar con muchos profes y todos me enseñaron mucho, como persona y como jugador”, remarcó.
En el día a día, también se enfrenta a una nueva cultura. Desde la música hasta la comida. “Les muestro cumbia o cuarteto y no entienden nada, pero les gusta”, dijo sobre sus compañeros. Aunque hay algo que no cambia: “Extraño el asado argentino, no hay nada más rico”.
Con los pies en la tierra y las ideas claras, Froilán Díaz sigue construyendo su camino. Uno que empezó con lágrimas en una pensión y que hoy continúa en la altura de Quito, con el mismo objetivo intacto: llegar.
