Opinión

Haití y las graves consecuencias de un Estado fallido

La violencia, el grave deterioro de indicadores sociales y la precariedad institucional del país más pobre de América, siguen siendo puntos muy relegados en la agenda de la comunidad internacional.

Ucrania, Venezuela, Cuba, y desde luego, Medio Oriente, sobresalen en las agendas 2026 de un mundo interdependiente.

Pero para la gran mayoría de los países, Haití continúa pareciendo invisible, o al menos ignorado, mientras su proyecto de nación se consume en medio de la pobreza, la violencia y el caos institucional.

El agravamiento del cuadro social y político se profundizó casi al comienzo de la presente década con el asesinato de Jovenel Moïse.

Con características de magnicidio, el crimen sumió al territorio en una escalada criminal que encuentra una muy frágil capacidad para ser contenida por parte de las autoridades.

Tras el homicidio de Moïse cometido en 2021, se conformó un “Consejo Presidencial de Transición” liderado mayoritariamente por Alix Didier Fils-Aimé, quien al asumir al frente del órgano a cargo de un gobierno presuntamente provisional, pronunciaba un discurso con el cual clamaba por la paz y la ayuda internacional.

Aquella asunción quedaría marcada una vez más por la violencia, porque en simultáneo a la ceremonia, un avión cancelaba el aterrizaje a poco de tocar pista en Puerto Príncipe, debido a los disparos de un grupo armado contra la aeronave.

En Febrero de este año, Fils-Aimé quedó ungido con poder ejecutivo pleno, dando por cerrado el ciclo del denominado Consejo de Transición. Y mientras el primer ministro no da señales claras de ir a un cronograma electoral, los ataques de pandillas y de grupos armados están recrudeciendo.

Esta semana, una organización humanitaria denunció la matanza de 70 personas a manos del grupo armado “Gran Grif” en las localidades de Jean Denis y Pont Sondé ubicadas al norte de Puerto Príncipe.

El foco de la violencia se halla justamente en la capital y sus alrededores, donde muchas bandas se disputan el control del territorio, habiendo obligado además a centenares de miles de personas a dejar sus hogares.

Junto al problema del desplazamiento masivo, creció a una velocidad vertiginosa el déficit de acceso a necesidades básicas en gran parte de la población.

En un informe titulado “Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria”, se advirtió que más de cinco millones de haitianos padecen niveles críticos de inseguridad alimentaria aguda.

Hoy van de la mano la decadencia institucional y la incapacidad del ejecutivo haitiano para brindar seguridad, frenar la violencia y garantizar el acceso de la población a las necesidades básicas.

Y mientras se prolongue la configuración de un Estado fallido, el drama humanitario que vienen señalando varias organizaciones no gubernamentales, seguirá siendo invisible a los ojos de la mayoría de los países, más ocupados actualmente en la evolución del precio internacional del petróleo.

Después de todo, por crudas que sean, las estadísticas haitianas no interfieren para nada en las economías internas de los grandes decisores y de las potencias medias.

Así que, mientras se impongan los intereses por encima de los valores esgrimidos en las iniciativas multilaterales, la población haitiana tendrá que saber que deberá seguir esperando las respuestas concretas, a la justa demanda de una vida más digna.

Autor

  • Lic. en Comunicación Social. Magister en política internacional

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