Las cifras detrás de una entidad en aumento
El hematoma subdural crónico no solo es una patología cotidiana en las guardias de neurocirugía, sino que su frecuencia experimenta un crecimiento sostenido a nivel global. Mientras que en la población general la incidencia oscila entre 8 y 15 casos por cada 100.000 habitantes al año, la cifra se dispara drásticamente a más de 50 a 80 casos por cada 100.000 habitantes en mayores de 65 años.
El envejecimiento poblacional también genera su impacto debido al incremento de la expectativa de vida, se proyecta que el hematoma subdural crónico se convertirá en la patología neuroquirúrgica craneal más frecuente en las próximas décadas.
Afecta con mayor frecuencia a los hombres, con una proporción aproximada de 2:1 a 3:1 en comparación con las mujeres.
El factor anticoagulación: Entre el 30% y el 40% de los pacientes diagnosticados reciben tratamiento con anticoagulantes orales o antiagregantes plaquetarios, lo que eleva significativamente el riesgo de sangrado sostenido tras un traumatismo mínimo.
¿Qué es y por qué ocurre?
El hematoma subdural es una acumulación de sangre entre la duramadre (la capa externa protectora del cerebro) y la aracnoides que recubre el cerebro.
A medida que el cerebro envejece, sufre una atrofia fisiológica natural. Este espacio adicional estira las venas puente que van desde la superficie cerebral hasta los senos venosos que son sitios de drenaje que se encuentran pegados a la duramadre, volviéndose extremadamente frágiles y propensas a romperse ante traumatismos de baja energía.
La producción de estos hematomas se asocia a ciertos factores de riesgo como la atrofia cerebral propia del envejecimiento o del consumo prolongado de alcohol, traumatismos de cráneo leves de baja energía, consumo de anticoagulantes o antiagregantes.
Los síntomas: el gran imitador
El sangrado en el hematoma subdural crónico suele ser lento y de origen venoso. Durante semanas, la acumulación paulatina de líquido y sus productos de degradación generan hipertensión intracraneal o compresión focal. Por ello, los síntomas suelen manifestarse de 2 a 6 semanas después del evento inicial y con frecuencia se confunden con síndromes demenciales, accidentes cerebrovasculares (ACV) o cambios propios del envejecimiento.
- Cambios cognitivos y de conducta: Desorientación, apatía, pérdida de memoria reciente o confusión fluctuante.
- Déficit motor progresivo: Debilidad en un brazo o una pierna, torpeza manual o caídas repetidas.
- Alteraciones de la marcha: Dificultad repentina para caminar o inestabilidad.
- Cefalea insidiosa: Dolor de cabeza persistente que no cede habitualmente con analgésicos comunes.
Diagnóstico y conducta terapéutica
El estudio de elección para el diagnóstico rápido y certero es la Tomografía Computada de cerebro, donde el hematoma se observa característicamente como una colección con forma de semiluna.
En hematomas pequeños, asintomáticos o con escaso efecto de masa, se realiza seguimiento clínico-tomográfico estrecho y optimización médica (control estricto de la presión arterial y ajuste temporal de la anticoagulación).
Ante la presencia de déficit neurológico, deterioro del nivel de conciencia o un efecto de masa significativo, el tratamiento de elección es el drenaje neuroquirúrgico mediante trepanación (burr-hole) y colocación de un sistema de drenaje subdural o subgaleal.
Puntos clave para recordar
Todo traumatismo craneal en un adulto mayor, por mínimo que parezca, requiere observación y seguimiento.
La aparición de síntomas neurológicos o cognitivos semanas después de una caída exige una evaluación neurológica / neuroquirúrgica inmediata.
Con un diagnóstico precoz y un tratamiento oportuno, la gran mayoría de los pacientes logra una recuperación neurológica completa.





















