En medio del debate nacional sobre posibles cambios en el régimen penal juvenil, la Pastoral Social de la Iglesia Católica volvió a marcar su posición: “No se trata de reducir la edad de imputabilidad, sino de generar condiciones para que niños y adolescentes puedan desarrollarse en plenitud” Así lo expresó Cecilia Fladun, referente de la pastoral en Santa Fe, en diálogo con LT9.
La Comisión Episcopal de Pastoral Social ya había fijado postura en un documento titulado “Más oportunidades que penas”, donde advierte que pensar en cárceles para jóvenes en plena etapa de formación resulta insuficiente y riesgoso. “El abordaje debe ser integral, acompañando a las familias, las escuelas, los clubes, los espacios comunitarios y de salud mental. Es allí donde se construyen alternativas a la violencia”, señaló Fladung.
La dirigente eclesial cuestionó que el debate actual se reduzca a una discusión sobre edades, cuando en realidad involucra problemáticas más amplias como las adicciones, la salud mental y la falta de oportunidades educativas y laborales. “Simplificar el problema a una edad es un error. Necesitamos políticas que fortalezcan el tejido social y que hagan permeables los muros del encierro a la cultura, la educación, el deporte y el arte”, remarcó.
Respecto al reclamo social por mayor seguridad, la Pastoral Social plantea que la verdadera paz se construye con inclusión y prevención. “Los clubes, las parroquias y los espacios comunitarios son claves para contener y acompañar a los jóvenes. Fortalecerlos es también una forma de garantizar seguridad”, sostuvo.
Fladung destacó que en Santa Fe existen experiencias positivas de trabajo comunitario con adolescentes en conflicto con la ley, aunque reclamó mayor apoyo estatal para que puedan crecer y consolidarse. “El Estado debe redireccionar políticas y trabajar en sintonía con las instituciones públicas y privadas. Somos los adultos quienes debemos cuidar a los niños y adolescentes”, afirmó.
Finalmente, la referente de la pastoral subrayó que el debate debe ser amplio y participativo, incluyendo a docentes, psicólogos y quienes trabajan en contextos de encierro. “Siempre se está a tiempo de cambiar el enfoque. La democracia es eso: abrir espacios de diálogo y construir consensos. La mirada de la Iglesia es humana, solidaria y abierta a la vida, con esperanza y encuentro”, concluyó.