Dos historias provenientes de la costa santafesina volvieron a poner en debate los fenómenos inexplicables que, según vecinos, forman parte de la identidad del lugar.
Timoteo, pescador con décadas de experiencia en el río Colastiné, relató que mientras recorría sus espineles observó lo que primero creyó que era un barco. Sin embargo, el objeto no generaba oleaje ni ruido. Estaba rodeado por una especie de bruma concentrada y, según su estimación, podía medir cerca de 50 metros de diámetro. Cuando intentó confirmar lo que veía, la masa oscura simplemente desapareció.
El hombre aseguró que no hubo pérdida de tiempo ni alteraciones en su conciencia. También recordó otro episodio en el que una esfera luminosa se posó sobre un palo en medio del agua, aumentando de tamaño a medida que él se alejaba. Permaneció observándola durante casi una hora.
Por su parte, Silvia evocó un episodio de su adolescencia en Santa Rosa de Calchines. Caminaba junto a su madre y su tía cuando divisaron a lo lejos una figura que parecía caer y levantarse repetidamente. Al acercarse, distinguieron lo que describió como un perro de gran tamaño que sostenía a un hombre alcoholizado.
Según su relato, el animal se erguía en dos patas, era más alto que la persona y tenía ojos amarillos intensos. Cuando su madre gritó, la criatura se incorporó completamente y huyó de manera extraña. Días después, vecinos asociaron el episodio con la leyenda del lobizón, tradicional en zonas rurales del litoral.
Silvia también mencionó avistamientos de la llamada “luz mala” en el agua y en el campo, fenómeno que históricamente se vincula a creencias populares.
Dos relatos distintos. Un mismo territorio.
La costa santafesina vuelve a ser escenario de historias que oscilan entre la ufología, el folclore y el misterio.






















