Porque siempre estoy. Porque nunca evado. Porque siempre miro de frente. Porque en las batallas elijo: correrme o luchar con hidalguía.
Porque siempre me respeto a mí misma. Porque siempre (o a veces) creo en mí.
Aunque durante mucho tiempo de inmadurez espiritual necesité validación externa, hoy estoy sabiendo que lo que soy es suficiente. Es abundante. Que puedo. Que nuevas puertas se me abren. Que conozco gente nueva y sigo cerca de mis amistades viejas. Que cada día tengo algo que aprender y agradecer. Que celebrar, que disfrutar y padecer. Que entender y perdonar. Que trascender y liberar.
La cita es conmigo
Sé cocinarme mi propia rica comida. Sé limpiar mis propios despojos. Sé autoabastecerme y criar a mis hijas. Sé ser amiga siempre. Sé trabajar duro. Sé escribir vomitando las palabras. Sé ondular mi cuerpo bailarín cuando quiero y donde quiero. Sé soltar pájaros y flores de mis cuerdas vocales vibrando al son de la música que creo.
Sé amar intenso. Sé decir la verdad. Sé reír hasta descomponerme y desencajarme el maxilar de alegría. Sé llorar hasta desgarrarme. Sé de empatía y sé de traiciones. Sé de ocultamientos de amores cobardes y sé galopar con el viento en la cara sin temerle a nada ni a nadie. Sé luchar por lo que es justo, sé esgrimir banderas cual paladín de la justicia poniendo el cuerpo, la garra, el sosiegue, el consuelo, con la verdad siempre por delante.
Quiero conmigo
Ser todo lo que pueda llegar a ser, pero siempre fiel a quien soy. Aunque a veces me apabullen las palabras vanas del mundo y su gente, que sigue con su máscara, para algunos descubierta ya, y para otros aún por quitar, de un saque de realidad. Quiero saber y confiar que todo vuelve y el tiempo, el cosmos, el universo, lo divino, todo lo sabe y teje hilos de conciencia y merecimiento para quien con amor honestamente camina su camino. Sin competencias. Sin envidias ni conveniencias.
Quiero conmigo vivir mil aventuras, escalar con mi mirada mas paisajes, recorrer sin prisa lo que toque. Quiero viajar más y más kilómetros, liviana de equipaje y de culpas. Quiero escuchar el silencio, habitar mis heridas y despojar mis sandeces. Oler el campo, azotar con mi caballo en mi río, zambullirme como niña, tocar la tierra con las manos y con el alma. Desesperarme por asados y pasteles de batata o chorrear mi boca de mandarinas en la falda de mi abuela artista, que lo era, como yo, y rememorar sus rascadas de cabeza por las siestas.
Quiero ser ejemplo de mis hijas con menos “te amo” y mas siendo la mujer que soy llena de imperfecciones, pero que siempre emerge del caos y el abismo, creyendo que la palabra sí vale, que por el amigo uno se la juega entero, que sin grandes discursos se construye lo verdadero, que la libertad se ejerce siendo íntegras, puras de corazón y que vivan y sean lo que quieran ser, sin que nadie las manipule ni embauque. Que sigan sus propios sueños sabiendo que lo grande es lo pequeño, y que nada es mas altruista que ser auténtico.
Esta cita hoy conmigo es para mí.
Esto no es para nadie. Es para mí.
Que nadie pues se sienta aludido y mucho menos importante. Que la vida de los otros la elijen ellos mismos y si tapan, muerden, embaucan, se mienten, o salvan, sanan, arriesgan y crecen, es cosa de esos alguien. No me mancha ni me atañe.
No es para explicar, justificar ni demostrar nada.
Es para mirarme. Para elegirme. Para seguir creyendo.
Para sentirme mía y plena. Sabia y diáfana. Terca y trascendente. Volátil y ancla. Amorosa y parca. Deseada y desechada. Sola y acompañada. Plena siendo lámpara.
Porque todo lo bueno, siempre, en mi vida, está por comenzar.
Porque al final, esta cita es conmigo.
Y esta vez, no pienso llegar tarde.
EMILCE PAIS
Bailarina, actriz, cantante, productora cultural, docente.
Conductora de #LAPARIENTA
