El rock y la cultura argentina se visten de luto. Este viernes se confirmó el fallecimiento de Carlos Alberto “El Indio” Solari a los 77 años en su residencia de Parque Leloir.
El emblemático artista, que batalló con entereza y dignidad durante una década contra la enfermedad de Parkinson, deja un vacío imposible de llenar en el corazón de millones de ricoteros.
Nacido el 17 de enero de 1949 en Paraná y criado artísticamente en La Plata, Solari edificó los cimientos de una mitología propia a mediados de los años 70 cuando, junto a Skay Beilinson, fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. A partir de allí, bajo la bandera estricta de la autogestión y la independencia de la industria tradicional, el grupo parió himnos eternos distribuidos en nueve álbumes de estudio, marcando hitos de convocatoria históricos como las dos noches en el Estadio Monumental en el año 2000.
Tras la dolorosa disolución de “Los Redondos” en 2001, el magnetismo del Indio no hizo más que agigantarse.
Al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado consolidó las denominadas “misas ricoteras”, peregrinaciones federales que desbordaron localidades como Tandil, Junín, Gualeguaychú y Mendoza, reuniendo multitudes inéditas para el espectáculo mundial que superaron las 150.000 almas por concierto.
Su poesía críptica, su inquebrantable postura contracultural y su profunda sensibilidad convirtieron a sus canciones en un refugio social y en una radiografía fiel de la identidad argentina.
El Parkinson lo obligó a bajarse de los escenarios de manera presencial en los últimos años, pero nunca logró apagar su lucidez ni el estrecho contacto digital que mantenía con sus fieles feligreses.
El Indio Solari es, fue y será para siempre un motor fundamental de nuestra identidad. Su obra ya es eterna y el fuego de las misas seguirá encendido en cada rincón del país.
