El maestro pastelero Osvaldo Gross hizo un recorrido por su vida y su carrera, marcada por un giro inesperado: de la geoquímica a la pastelería. “Yo me fui a estudiar química a La Plata, y después empecé a trabajar en Buenos Aires. En un momento decidí cambiar porque la investigación estaba muy mal paga y era desalentadora. Tuve la suerte de entrar en los cinco estrellas de lujo y a partir de ahí empezar la carrera que me llevó por los caminos de la pastelería”, recordó.
Gross contó que su formación científica fue clave para su desarrollo en la cocina: “Me ayudó un montón porque no era lo mismo poner un horno a ciento ochenta que a doscientos. Ese conocimiento técnico me dio una base sólida para la pastelería”.
Su gran escuela fue el Hotel Hyatt de Buenos Aires, donde ingresó en 1992: “Fue mi gran universidad. Allí aprendí todo, desde desembalar utensilios que llegaban de Alemania y Francia hasta elaborar recetas y manuales de operaciones. Después me enviaron a trabajar a Singapur y Tokio, lo que me abrió la cabeza y cumplió el sueño de viajar por el mundo”.
El pastelero también habló sobre su paso por la televisión y el fenómeno de las redes sociales: “Soy el ejemplo de que se puede hacer profesión y redes al mismo tiempo. Más de dos millones de seguidores logrados con recetas creíbles, que la gente podía reproducir. Eso es lindo”.
Respecto a la enseñanza, destacó su rol en el IAC: “Hoy la mayoría de los alumnos son jóvenes de entre 18 y 30 años. Las redes ayudaron a que la cocina se vea como una salida laboral en cualquier país del mundo. Hay muchísimo interés por aprender”.
Finalmente, Gross adelantó su participación en la feria gastronómica de Esperanza: “El próximo domingo voy a estar cocinando en el Parque de la Agricultura a partir de las 17 horas, con tres recetas para todos los que se acerquen”.
Con la pasión intacta, Osvaldo Gross sigue siendo un referente indiscutido de la pastelería, capaz de transformar la precisión científica en arte culinario.
